INSPIRACIÓN CONTINUA URBANA.

En una llamado a emprender aventuras, la familia Acuña apuesta todo al asador emulando los pasos de un onírico Don Quijote en búsqueda de su Dulcinea.

Y es que no hay mejor manera de comenzar a escribir, que con la inspiración de un grato sabor de boca guiado por la Chef Lucy Acuña en un ambiente de sueños y sabores que hacen de este proyecto, un lugar redondo.

Me abrió las puertas su segundo e igual de exitoso espacio, ubicado en una de las zonas mas “trendy” de Santa Fé, Plaza Samara.

Éste, comparte una terraza con un par de restaurantes que intentan conquistarte el apetito, pero no claudiques, al final  los manjares recompensan el recorrido.

La terraza tiene una vista que mezcla a los cristales de corporativos con arbustos de romero y los cielos despejados, creando un paisaje al estilo actual.


Desde que te reciben los propietarios con una sonrisa caes en la cuenta de estar en el justo lugar para inaugurar un viaje sin retorno por los sabores de la capital. Y es que aunado a la bienvenida personal, te aborda un staff joven y espontáneo que coincide con la filosofía de formadores que tienen los creadores del concepto.
M

La decoración sencilla y limpia pero con buen gusto te abraza mientras te ofrecen las bebidas de la casa, que son para mi sorpresa aguas frescas naturales, mezcales artesanales o vinos mexicanos  de diferentes partes.  Y es ahí  donde los alimentos se presentan desnudos y sin pretensiones. Un menú que huele a fresco y a tradiciones que recorres fácilmente mientras te saltan combinaciones que distan de las ortodoxas y las deconstructivas: Atún & Jamaica, Maracuyá & Habanero,  Angus & Queso Oaxaca. Es así como vas leyendo las interpretaciones que emocionan tus recuerdos y te hacen salivar: Sopa de chicharrón (taco placero),  Aguachile de atún (con frijoles refritos), Pollito de leche laqueado (al tamarindo) y cuando al fin decides que ordenar, te das cuenta que hubieses querido invitar a  todos tus amigos  para pedir  al centro y compartir.

Los detalles en cada plato se cuidan. Van desde los estéticos hasta los técnicos como el cuidado de la temperatura, el acompañamiento debido de salsas, el equilibrio de sabores, las cantidades abundantes y una de las cosas más importantes, un precio accesible.

Para empezar llego a mi mesa un aguachile de atún, acompañado con salsa de maracuyá y un sofrito de frijoles negros, que me recordaron los tacos estilo Rosarito, tanto por los sabores como por la frescura de sus ingredientes.


Después vinieron los tacos de camarón. ¿Qué tan especiales pueden ser unos tacos de camarón? Pues cuando llegaron con una costra de amaranto y una salsa de maracuyá servidos sobre tortillas calientes de harina tamaño natural y no de taquería boutique me quede sorprendido. Una excelente composición de sabores, por eso me enteré que es uno de los platillos estrella. No puedes ir y no probarlos.
M

Igual que las hamburguesitas de corazón Oaxaca en pan brioche elaborado en casa, y es que como sus creadores lo pregonan a voz continua, “Solamente son platillos bien hechos.” Pero para muchos restauranteros esa lógica no prevalece.

Y para Dulcinea es la clave del éxito que los caracteriza.

Esta aventura urbana con sabores memorables se retoca y acompaña con sugerencias diarias y frescas que celebran la temporalidad de los alimentos. Por ejemplo, un pescado en nogada que es un espectáculo al paladar “pero cuando se acaba se acaba”, te lo recalca el mesero.

Son claras las diferencias de un restaurante llevado por apasionados de la gastronomía o por simples administradores de empresas de servicios. Éste es un gran ejemplo de aquellos lugares donde el eje rector es el sazón y la calidez en el servicio que te hacen sentir como en casa.

Y es que no me dejaran mentir pero un proyecto que al terminar la sobremesa acompañada con digestivos, te pone a pensar en que pedir la próxima visita, habla de un excelente lugar con alma compartida con los que lo hacen posible.

fernando@moustique.com.mx'

Sobre Fernando