Post de una perfeccionista en recuperación.

Voy a usar el día de San Valentín como pretexto para hablar del amor. Pero no de ese amor de manita sudada, flores y chocolates, si no de uno aún más cliché. El amor propio. Ya se, no hagan caras, se como se lee pero es una realidad que como nos sentimos frente al espejo es igual o aún más importante que lo que comemos.

Tener una imagen positiva de nosotros mismos es muy pero muy difícil.
Pero que gordo estoy” .
“Ojalá y tuviera las pompas de…” .
“Casi no uso faldas porque odio mis piernas”.
“Sería una persona muy feliz si…”.

Se preguntarán, ¿qué #@*& tiene que ver todo esto con estar sanos?. Les tengo una noticia, tiene todo que ver.

Si tienes una imagen positiva de ti misma, significa que eres realista contigo mismo, que te tratas con compasión y que sabes que convertirte en alguien mejor y ser feliz, no es una meta, si no más bien es algo que logras todos los días con tus acciones y pensamientos.

Empatizo enormemente con las personas que se comparan con otras, que sienten ansiedad al saber que ese viaje a la playa está a la vuelta de la esquina o se la pasan “restándole a la vida” para poder sentirse mejor: menos calorías, menos comida, menos kilos = más felicidad – “ósea bueeeeno no felicidad inmediata pero luego, ¿qué no?”.

Hace unos meses me encontré en la peor situación que alguien se puede encontrar: estresada y en consecuencia triste por comida. En un aeropuerto no encontraba nada “sano” que comer. Mi marido y yo caminamos todo el aeropuerto, no quería un sándwich – quien sabe con que está hecho ese pan y jamón ya no como, gracias. “Compra una fruta pues”, dijo mi esposo pacientemente. “Pero, ¡eso no tapa ni una muela!!”. Se me iluminó la cara cuando vi un lugar de smoothies. Creí que “estaba a salvo” hasta que me di cuenta que absolutamente todos estaban hechos solo con fruta. Como a el burrito de Shrek, me empezó a temblar un ojo, “¿Qué, qué? Pero, ¿dónde está lo verde? Esto es una bomba de azúcar. No puedo más me rindo. Prefiero esperarme y quedarme sin comer”.

Ahora, ustedes contésteme a mi, ¿en qué momento esto es sano? ¿En que momento estresarse por un menú en un restaurante o pasarse la vida contando calorías y porciones es el camino a ser una mejor persona y en consecuencia a una vida feliz?

Ese día en el aeropuerto, algo me hizo click. Me di cuenta de lo inmensamente ridícula que me escuchaba y peor aún, me di cuenta de lo mal que la situación me hacia sentir de mi misma.

  • La dieta perfecta es la que a ti te sirve y además te hace feliz: y te aseguro, que esa misma dieta, no le sirve a nadie más. Hay maneras de comer como hay gente en este mundo. Nuestros pensamientos, la cantidad de trabajo, el ejercicio, nuestro metabolismo, el ADN, la comida que nos daban de chicos, alergias, el sistema digestivo, lo que nos gusta y hasta lo que no, influye para decidir, entender y practicar la dieta que tu necesitas. Aprende a escuchar las señales que te da tu cuerpo y come menos de lo que te hace sentir triste, frustrada, inflamada y sin energía y come más de lo que te hace sentir bien emocional y físicamente. Si tu dieta diaria es una cosa espantosa, totalmente irreal que te hace sufrir y comer cosas que no te gustan – como ese jugo mañanero de wheat grass que si, muy sano, ah, pero que feo sabe- ¡Olvídala! El chiste es que tu estilo de vida sea un régimen balanceado, que no te mate de hambre y que te encante. Nadie en esta vida vino a sufrir y comer sano no tiene porque serlo siempre y cuando encuentres tu dieta (estilo de vida) perfecto.
  • Todo lo que en este momento consideras nutrición es realmente tu segunda fuente de energía: La alimentación de espíritu y mente es lo que más te da energía. Como ejemplo, los niños. ¿Cuántas veces vemos a adultos rogándole a los niños para que dejen de jugar y se sienten a comer?. ¿Cuántas veces han escuchado a un niño decir, “es que no tengo hambre”? Código para: estoy feliz y quiero seguir jugando. Después de un estire y afloje, los adultos ganan y los niños se sientan 10 minutos a comer cualquier cosa para inmediatamente salir corriendo a jugar. Eso es que la comida es solo una fuente de energía secundaría. Ojo, no estoy diciendo que la comida no sea importante pero cambiar el orden de nuestras prioridades puede hacer que la alegría, emoción y amor a la vida diaria sean nuestra fuente de energía más poderosa y en consecuencia dejar de pensar en la comida todo el tiempo.
  • A la fregada la palabra perfección: El estar felices con nosotros mismos, no se mide por que tan lleno o vacío está el vaso, si no más bien por su contenido. Todos los días ten palabras positivas para ti y evita las malas. Acepta el reto y vuélvete una perfeccionista en recuperación.
por Arleenn Davo
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