El origen de nuestros antojos.

Llegan así, de repente, sin que nadie los invite, incontrolables.  “Daría lo que fuera por un helado. No olvídenlo, mejor por una papas con limón y chilito… ¿o por las dos?”  Definitivamente, el mundo sería casi perfecto si nuestros antojos se basaran en bolsas de espinacas, rebanadas de jitomate o ya para que vean que no pido mucho, por ese bowl de quinoa con pollo que dicen que es tan bueno para la salud. 

Se que esto parece una locura pero, ¿y si dejamos de pensar que nuestros antojos son una debilidad que tenemos que controlar o hacer desaparecer como por acto de magia (como si fuera tan fácil) y los vemos como pedazos de información que tu cuerpo te está mandando?

Nuestro cuerpo es una maquina maravillosa, nos avisa cuando tiene sueño, cuando tiene hambre, cuando se siente mal e inclusive, “nos premia” con una piel perfecta, excelente digestión, niveles de energía óptimos, cuando se siente per-fec-to.

Los antojos, también es nuestro cuerpo tratándonos de decir algo. El chiste de todo está en cómo interpretamos la información y cómo actuamos frente a ella.

¡Que horror, hasta con nuestro cuerpo tenemos problemas de comunicación, pfff!

Ojo, no quiere decir que tener un antojo de vez en cuando sea una señal de alarma, pero si te la vives de antojo en antojo, podría ser momento que te des 5 minutos para decodificar el mensaje y en verdad comunicarte contigo mismo.

Acá te dejo las razones principales por las cuales tenemos antojos:

  • Antojo emocional– estar poco satisfecho en alguna relación personal, una rutina de ejercicio inapropiada (mucho, poco, nada e inclusive el incorrecto), estar aburrido, estresado, al igual que la falta de una práctica espiritual (la que sea tu gusto) es una causa de antojos. El comer mal, es una manera de querer “sanarnos emocionalmente”. Es un sustituto para llenar un vacío emocional.
    ¿Qué hacer?
    Si estás triste habla con alguien, si estás aburrido ponte a hacer algo, si estás estresado respira, si crees que te lo mereces, mejor márcale a alguien para contarle porque estás tan contento.
  • Falta de agua – la falta de agua puede mandar un mensaje a tu cuerpo diciendo que tienes sed y que estás a nada de deshidratarte y esto se puede manifestar como hambre. – ya se, explicarle al cuerpo que exagera no es tarea fácil.
    ¿Qué hacer?
    Cuando tengas un antojo, primero tómate un vaso de agua, cuenta 10 min. y espera el resultado.
  • Antojo de temporada – muchas veces a el cuerpo se le antoja comidas que den balance según la temporada. Por ejemplo, en verano somos mas propensos a querer helados, cítricos y en invierno productos con más grasas y carbohidratos (ingredientes que producen sensación de calor).
    ¿Qué hacer?
    Pregúntate si tu antojo puede ser “aliviado” dándole la versión sana de algo fresco o calientito.
  • Falta de algún nutriente – Por ejemplo, si tienes antojo de algo “panudo” puede ser falta de cromo.
    ¿Qué hacer?
    Empieza a escribir tus antojos y después de dos o tres semanas, ve si hay algún patrón. En el blog de la próxima semana, les daré la lista de los antojos más comunes y su posible origen.
  • Antojo hormonal – La menstruación, el embarazo y la menopausia juegan con nuestros niveles de testosterona y estrógeno
    ¿Qué hacer?
    Una actividad que libere un poco de ansiedad o tensión puede ayudar en estos casos. Por ejemplo, yoga, meditación, un baño en tina, un poco de lectura con un té de lavanda o ejercicios de respiración.
  • Auto sabotaje – Lo hacemos constantemente, “¿Ya para qué como bien si me di a la perdición desde el desayuno?”, “comí pésimo el día de hoy pues ya mejor empiezo la dieta el lunes”.
    ¿Qué hacer?
    La siguiente vez que estés apunto de seguir un patrón del cual no estás orgulloso o que no te guste, repite este mantra: “Mi comportamiento pasado no me define y no es lo que soy. Solo soy lo que pienso que soy en este preciso momento e instante. Soy lo que me hace sentir bien aquí y ahora”.

Ahora, también pueden existir un antojo “puro y sincero”. Si crees que estás frente a uno de esos, cómelo sin presiones, sin estar haciendo diez mil cosas más. Disfrútalo y nota sus efectos en ti. Así, a la próxima vez que tengas el mismo antojo podrás decidir con más información si quieres comerlo o no.

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Por Arleenn Davo
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