el día que nació mi revolución y sentido de trascendencia. ..

Esto será un post en un blog. Lo prometo. Algún día regresaré a dejar mi memoria en mi historia digital. Pero, x lo pronto, escribo de un hilo debajo de las sabanas, a oscuras, con un teléfono en la mano, para no despertar a mi cosa, a mi princesa, a Pía. 

Y aquí estoy, velando su sueño. Y cerrando su día. El 8 de septiembre. Día que nació mi revolución y sentido de trascendencia. 

Y no sé por donde empezar. Continuar. O acabar. Escribir de ella, para ella. O escribir lo que me provoca ella. Sólo tengo mis dedos, un teléfono a oscuras, y mi mente y mi pasión. Y mis cobijas q me cubren cual casa de campaña. 

Y sólo tengo esto. Y la noche. Y su silencio. Y el sentimiento de desborde que me abraza en esta noche. Me siento desbordada de gratitud, de tener el honor, de poder decir que soy madre. Y más honor aún, decir que soy la mamá de Pía. 

Pía es mi Revolución Mexicana, Rusa, Francesa  y un poquito más. Pía ha transformado mi vida en múltiples sentidos: con, a pesar y por mi resistencia. Con la resistencia de no dejar de ser Paula. De reducirme a un sólo título q no me diera cabida a algo más: el título de mamá. 

Por mucho tiempo, no podía comprender, que uno, siquiera, pudiera desdibujarse. De desaparecer del plano. No quería perder mi parte Mafaldosa, y reducirme a la Susanitud de lo que ocupa una madre de tiempo completo. Me resistía a la posibilidad de convertirme en una “mamá sonza”, (según mis prejuicios y categorías mentales), que sólo vive y habla de y para su hijo. No, Paula, es mucho más caray. Así me decía. Si no, para qué estudié, trabajé, me fregué y todo lo que hice antes? Qué, eso se borra de bolón pin-pon? No, eso sí que no. Así me hacía mi coco-wash. 

Y hoy, que Pía cumple 4 años, que voy gozosa al desayuno de mamás del colegio, que le compro sus lunetas para que las adorne en su pastel que hará con sus amiguitos en el colegio, y q me sale lagrimita remi de saber q no fui invitada a cocinar el pastel (aunque me moría de pánico de hacer uno con audiencia pública), mi perspectiva es otra. 

Hoy, que Pía cumple cuatro, y después de haber hecho, sí, con mis manitas que estoy escribiendo en estos momentos, 250 Hamburguesas, para su fiesta de Alicia en el País de las Maravillas, mi perspectiva e historia es otra.

Y recalco el tema de las 250 hamburguesas, porque se hicieron con las manos q le gusta tomar los cubiertos del Pujol y de deliciosos lugares, pero q aún no es capaz (si, que oso, en tiempo presente), de hacer una quesadilla, sin q se me rompa la tortilla, el queso quede 100% derretido, y todas las habilidades gastronómicas que requiere hacer tan suculento platillo. 

Y lo recalco, porque aunque esa receta provino de una diosa de la cocina: Mariana OE; en un momento de extrema vulnerabilidad, (cuando tenía las manos en la masa con más de 10 kilos de carne molida en una hielera porque no tenía otro recipiente q cupiera semejante masacote); lloré y lloré, porque no me sabía rica la hamburguesa como la había probado anteriormente en la receta de Mariana. Y porque sentía q me volvía una asesina múltiple, envenenando a más de los 80 invitados, con mis hamburguesas no sabrosas. 

Y en ese momento de sensibilidad extrema, de cambio de profesión a asesina serial, de llanto, y después de una llamada a mi mamá; tomo el toro por los cuernos, (más bien la masa), y recurro a lo que tengo: la creatividad, más mostaza, la salsa inglesa disponible y otros ingredientes, para transformar mi miedo en forma de hamburguesa, en algo, q no sólo alimentara, si no que tuviera otra función: nutrir. 

Y es que eso, es lo que ha revolucionado Pía en mí: el sentido de nutrir. De nutrirla a ella con variados y saludables ingredientes gastronómicos, emocionales, intelectuales, culturales. Y al tratar de nutrirla a ella, ella me ha nutrido a mí. 

Porque me doy cuenta, que mi resistencia, tenía un dejo de razón.  Sí, me desdibujé. Pero no para ser un Paula deslavada con un toque de melancolía de lo q alguna vez fue o los cargos que ocupó. Me desdibujé. Casi le di reset. Para re-dibujarme y re-diseñarme desde otro lente. Sin tener que elegir entre lo que uno es y quiere ser. Me re dibuje para caminar con orgullo mi faceta de “Mafi- Susi”. Las dos, porque una mujer, o yo por lo menos, soy Mafalda, Susanita, Libertad y otros caracteres, al mismo tiempo y con mucho temple. 

Nutrir no sólo a Pía, mi familia, si no a mí, y al mundo entero que me rodea y busco impactar.  De nutrir el alma con preguntas y respuestas que aún no logro descifrar. De nutrirme en el miedo y la incertidumbre que provoca no tener el control y saber qué hacer, pero confiar en alguien más grande, Dios, porque sabes que tienes los medios y el coraje para enfrentar lo que se presente. Y lo tienes a Él. 

De nutrirme, no sólo en mis sueños y mis aspiraciones profesionales y personales, si no nutrirme, de sueños q ocupan, una maleta más grande, la de mi familia. Porque mi sueños, ahora son incompletos, si no contemplan una perspectiva de bienestar y felicidad de mi familia. 

Y ampliar mis sueños, ampliar mis aspiraciones, me hace ser una Mafalda, más realista. Más ejecutiva. Más concreta. Porque ya no es el puesto o la posición a la que aspiro tener. Es lo que soy, desde donde estoy e independientemente del reconocimiento externo. 

Es saber, que esté donde esté, daré resultados, con un sentido de trascendencia y propósito a algo más grande que uno mismo. Con un sentido social mucho más profundo y más aterrizado del que ya tenía. No hacia la conservación de la estrellita marinera q me halagaba de serlo, si no a la regeneración y sustentabilidad de un entorno q aprovecha su potencial. 

Porque el liderazgo y la administración de recursos humanos, se vive 24/7. Porque Pía me lo recuerda a diario. Porque su diaria rebeldia y diario “no”, aunque no quieras, te hacen desarrollar la habilidad de construir una empatía en el ponerte zapatos del otro, por muy irracionales q te parezcan sus peticiones, para empezar a construir un camino a la colaboración. 

Porque me reta, porque es más inteligente que yo. Y porque me pone a prueba todos mis esquemas y caminos ya trazados. Y porque, desde mi humilde andar, no me toca más q darle el mejor material disponible para q construya infraestructura en la obra pública que dejara en esta vida. 

Son 4 años, de alegría inmensa. Indescriptible. Tanta, que se reduce, en la miopía de tapizar el muro, sólo de Pía, como sabiamente me lo hizo notar mi adorado, y admirado, amigo, José Manuel Azpiroz. Que por cierto, como comentario adicional, ha sido un extraordinario amigo que me ha acompañado con una sensibilidad finísima, en este camino de la maternidad. 

Son 4 años, también, de muchas dudas, de muchos planteamientos y re-planteamientos. De pérdida de rumbo. De cambio de rumbo. De soledad. De dolor. De no saber qué hacer. Hacia dónde ir. Y todos esos momentos, también grises, hoy me desbordan, una intensa gratitud, por la oportunidad de hacerme esas preguntas que no estaban, por haberme dado material para construir resilencia ante un escenario adverso. Por vivir con otros ojos, q miran más lejos, hacia fuera, y hacia el interior de uno. 

No hay revolución sin lucha, sin dolor, sin costos. Pero no hay revolución, sin transformación, sin fe, sin libertad, sin fraternidad, sin amor, sin propósito. 

A ti, Pía, a mí bolchevique preferido, porque he vivido contigo todas estas revoluciones. 

A ti, Pía, porque me haz transformado, de “quererme comer el mundo a pedazos”, a “cocinar y nutrir al mundo”….

Feliz cumpleaños revolucionaria Pía. 

paula@moustique.com.mx'

Sobre Paula Hurtado

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