Agradecimiento

Me columpiaba entre árboles de granadas y jugaba a las escondidillas mientras ella deletreaba nuevas palabras. Y me columpiaba viéndola enseñar a chicos y grandes, crecí mirándola sembrar no sólo en tierra, crecí mirando como llevaba en práctica el credo del amor, mirando cómo ofrendaba “perdones” aún a los que humanamente no lo merecían.

Crecí observando como probaba platillos sin juzgar su aspecto y cómo sabía describir corazones más que aspectos.

Crecí aprendiendo un abecedario distinto, en el que las emociones iban por delante y las toxinas no pasaban de la puerta.

Crecí con ella y de la mano me enseñó a agradecer los colores, los sentidos y la intuición.

Por ella creí en Dios, en la vida y más que en lo anterior, crecí creyendo en ella y en mi.

Mi abuela mis queridos moustiques fue un dinosaurio, uno que me narró historias en donde las revoluciones emocionales llegaron a finales experimentales, crecí escuchando y observando como todos los corazones rotos en guerra, sanaron y también pude verificar que lo mejor de la vida no se ve, se siente…

Soy nieta de un dinosaurio, uno que vio nacer eras y morir épocas. Un dinosaurio que hizo amigos y zurció historias inolvidables. Soy nieta de una maestra que recorrió n mil poblados sin importar el clima con tal de enseñar a leer y escribir en mixteco y español, soy nieta y fui amiga de una gran mujer.

Sí, México es una joya y Oaxaca nuevamente me lo hizo saber, he despedido a mi abuela entre costumbres que sólo reflejan luz, color y respeto. Oaxaca amó a mi abuela, así me lo hizo saber.

Entre un borbollón de emociones les comparto que mi abuela ha decidido que puedo comenzar a escribir nuestras memorias, mismas que puedo compartir a rienda suelta. Me ha encargado orar por la paz mundial, me ha heredado una milpa para continuar sembrando y me ha obsequiado una vida a su lado.

Hoy ovaciono una vida y nos invito a vivir aunque sea 100 gramos de lo que vivió mi abuela. Vivamos soltando, en paz y cocinemos siempre un abrazo.


Quien ha generado luz durante toda su vida

 cuando muere no camina hacia la luz,  solo cambia de ruta.


“Me camuflaré – me dijo – seré justo mis formas favoritas, estaré en los colores más brillantes e inclusive en esos sabores picantes, porque he amado vivir.

He vivido amando, aprendiendo, enseñando, perdonando y orando. He vivido, vivido amando los amaneceres y he mirado enamorada como el sol se oculta. He vivido y tomado de la mano a más de uno que me han hecho dar vueltas. He abrazado, abrazado cada segundo. Por eso estoy tranquila, sabiendo que he heredado algo bueno, algo malo y algo extraño…”

 

Los abuelos marcan nuestras vidas, sin lugar a dudas. Algunos tenemos la fortuna de disfrutarlos, aprenderles y también hacer travesuras a su lado. En mi caso, mi abuela ha sido para mi un complemento único. El cómplice perfecto para reír, llorar, cocinar, tejer, deletrear y comer granadas…

Sin más, agradezco que entre las múltiples peticiones de mi abuela a la vida hacia mi persona, me haya regalado familia, amigos y un escenario propicio siempre para sembrar. Gracias a todos los que empatizaron conmigo, quienes caminaron y manejaron hasta Oaxaca en caravana con tal de acompañarnos.

No hay palabras suficientes, pero sí, una vida por delante para recompensarles…

 

Mis queridos moustiques les agradezco como siempre leer, picarse y compartir.  Espero vivan en color y sintonicen de igual manera sus acciones. Que sus seres cercanos los disfruten al máximo y hereden en vida las sonrisas y consejos suficientes para hacer historias maravillosas.

Los abrazo, nos leemos pronto.

Sobre Mariana "Fan"