El chocolate espumoso incluye amor.

Las costumbres tienen rostro, los hábitos tienen familia que les da vida, el amor siempre tiene maestros y alumnos que lo replican.

Herencias que pasan de mano en mano, de corazón a corazón; así estamos forjados, creados y podría aventurarme a decir que también que mucha de nuestra historia de crianza es heredada.

Todos los días hacemos historia, en cada paso que damos, en cada segundo que dejamos correr o en aquel en el que nos detenemos a construir,  todo cuenta. Eso, es la herencia. Nuestro granito de sal o arena.

Uno decide qué tipo de piedra dejamos en la construcción de lo que será “la herencia de quienes están detrás”.

No solo se hereda a los hijos, también se hereda al país, se hereda en los sitios de trabajo ya que nuestra labor forma parte de un todo.

Sí, es en familia donde se crean los cimientos fundamentales de nuestro desarrollo integral, pero también al paso del tiempo somos nosotros quienes adoptamos u adaptamos rasgos de nuestra herencia (familiar, de amistad, laboral y de vida).

Hoy homenajeando a la herencia y su concepto quiero platicarles sobre unos seres que sin lugar a dudas son clave en nuestras letras, paz y también en los momentos de introspección.

“Las abuelas” y su singular papel en nuestras vidas.

 


Por las buenas eres como un dulce de leche, por las malas eres como un muégano tumba muelas.

 


Entro a la cocina, mi objetivo era tomar algo de la despensa para tomarlo como colación mientras juego a la comidita.

En eso, escucho el chillido de la puerta – y pienso – ¡Ya me cacharon! ¡seguro me van a castigar por querer comer algo entre comidas sin pedir permiso!

Cuando de repente, volteo la cabeza y respiro aliviada, es mi bisabuela quien entra también a hurtadillas. Tenía el mismo plan que yo,  prepararse un tentempié  que la acompañara mientras leía su libro de poemas.

Entonces ambas compartimos esa risita cómplice y nos volvemos equipo, del mismo bando.

Sólo que había una cosa, mi abuela y su idea de tentempié  implicaba mucho más que abrir solo la alacena y salir.

¡Ella pretende cocinar e inclusive si se puede amasar “algo”!

Sí, ella tiene en mente chocolate espumoso y unas galletas de mantequilla untadas con alguna mermelada o si acaso azúcar glass.

¿Saben cuánto vamos a tardar en terminar?

¡Seguro nos van a cachar! [pensé]

Pero, es mi bisabuela,  jamás le negaría algo, porque ella jamás me ha negado su ayuda, inclusive se ha aventado unos rounds tremendos con tal de librarme de la disciplina militar de mi papá.

  • Así que suspiro, ni hablar, a lavarme las manos y a ponernos en marcha.

Ella sonríe, sonríe como siempre, con ese gesto que inspira dulzura

¡si que sabe como ganarme la condenada!

[ Y así como la historia anterior tengo miles de anécdotas a su lado. Sin lugar a dudas soy afortunada, mi baúl está lleno de magia, de herencia, de raíces y de manos enharinadas. Pero por sobre todo, muchas de mis historias están llenas de ella. De un ser de sonetos que a veces riman y otras tantas desentonan para mi pesar o más bien, lo correcto sería decir que DESENTONAN PARA HACERME MEJOR PERSONA.

El apapacho de abuelita, siempre sana.

‘Haz de tu vida una gran obra maestra, llena de alegría y gusto”  – Emma Godoy

La frase anterior solía citármela una y otra vez.

Emma Godoy era una de sus escritoras favoritas, siempre lo fue.

En ocasiones olvidamos eso, ese rasgo de amor que nos dejaron nuestros seres queridos que hoy son energía, luz y recuerdos.

A veces hace falta más apapacho de abuelita, y sí, a veces nos falta replicar la lección que ellas con tanto esfuerzo han intentado dejarnos no sólo para que salgan a flote en  anécdotas sino como rasgos en nuestras acciones.

EL AMOR, tan importante, tan imprescindible y el profundo respeto que profesan a la vida.

Mi bisabuela y Emma Godoy tenían, tienen toda la razón “hagamos de nuestra vida una gran obra maestra, llena de alegría y gusto”

“Hagamos” más de lo que hablamos, escribimos y fanfarroneamos, “obremos” con la bandera del bien, de la paz…

Seamos una exquisita obra maestra, de esas que cuando hayamos partido o cuando nos encontremos lejos, al cerrar los ojos [cualquiera de los que hayamos topado en el camino] puedan sonreía al recordar una nota, anécdota, abrazo o compañía.

Sí, el apapacho de una abuela no se compara con nada. Pero sí podemos intentar aprender sus técnicas. Apapachándonos en esos momentos de duda, apapachando a nuestros seres queridos sin necesidad de fechas especiales, apapachando a nuestros viejos y también a nuestros jóvenes.

No hay mayor herencia que el amor.

No hay mejor herencia que una familia sana.

Mis queridos moustiques, hoy nos invito a encontrar esa herencia positiva que forma parte de nosotros.

Cocinemos un chocolate espumoso, compartamos, compartámonos y para quienes somos padres, criemos con la bandera de la paciencia y la responsabilidad. No hay mejor regalo para un niño que una crianza positiva, ni mejor herencia que una familia emocionalmente saludable.

Como siempre un abrazo.

Gracias por picarse, leer y compartir.

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