¿Qué tienen en común los árboles de granadas y los trabalenguas?

Tres tristes tigres, trabajan trigo en un trigal…

Cuando era niña mi abuela solía hacerme repetir trabalenguas, la razón era simple: si era tan buena rezongándole a la vida, la lógica era que mi lengua era suficientemente ágil para domar los trabalenguas más complejos.

¡Sí, lo recuerdo bien! Mi abuela me llamaba por mi segundo nombre y me convocaba a una “charla amistosa” mientras recolectábamos granadas en el patio trasero, era entonces cuándo sabía bien que “ya había metido la pata”.

Una vez acudido al llamado se ponía junto a mi y mientras ella bajaba las granadas, yo las iba guardando en un cesto de mimbre a la par de que tenía que repetir los trabalenguas que ella decía al derecho y al revés; una y otra vez hasta terminar la jornada de recolección de frutos, recuerdo que la boca me quedaba seca, además de que por cada vez que me equivocara tenía que hacer 10 sentadillas cargando el cesto…

Disciplina frutal – le llamaría –


Comunicación, divino tesoro.

Habrá que ser cautos con el ejercicio de la lengua e inteligentes con el uso del lenguaje.


“…sabes bien lo que hiciste, no me tiene contenta la forma en la que has ejercitado tu lengua esta semana, parece ser que has abusado de los adjetivos y tengo la sospecha de que no has conjugado los verbos adecuados esta semana, inclusive me atrevería a decir que has abusado del copretérito, sí, mientras criticabas”

Cómo podrán haberse dado cuenta, mi abuela tenía ese toque de cachetada con guante blando como le llaman y pues, digamos que no se andaba por las ramas. Solía disciplinarme “positivamente” jeje, primero cansaba mi lengua y posterior me daba un par de cachetadones emocionales para que me quedara clarito el mensaje.

Hace unos días me puse a recoger piñas de un pino (era lo que tenía a la mano) y mientras repasaba el trabalenguas de “tres tristes tigres, tragaban trigo en un trigal…”  solita tuve que caer en la cuenta de que ocasionalmente olvido la importancia de la correcta comunicación emocional.

Hay mensajes entre líneas que me encanta estar descifrando, como si fuera agente de la CIA, cuando no me corresponde traducir mensajes, sino aclarar mis ideas…

Como bien decía mi abuela “…el problema nunca serán los demás,  el problema es cuando uno adopta actitudes erróneas o negativas, es decir,  cuando uno se permite contagiarse, dejando de predicar lo correcto”.

Hay que elegir cuidadosamente los verbos que conjugamos y el tiempo en el que decidimos vivir.

La comunicación es un divino tesoro, uno que pocas veces lo ejercitamos correctamente, perdemos mucho tiempo enviándonos telegramas y ojos de pistola, cuando lo único que debería preocuparnos es el tiempo en el que vivimos y la conjugación de los verbos que tienen futuro.

El verbo criticar acompañado de la acción, solo nos deja una garganta seca y un corazón marchito.

Hay miles de trabalenguas que aprenderse, cuando sientan que la tentación viene, escuchen a mi abuela, recolecten algo que los vuelva a reconectar con lo importante, omitamos las personas, acciones y reacciones negativas; seamos políglotas, sí, hablemos y reaccionemos en todos los lenguajes del amor y la paz.

Silenciemos el ruido interior.

Y sí, mis queridos moustiques, a veces sé que es complicado no engancharse con situaciones, pero en la medida de lo posible recordemos que siempre habrá un buen desencapotador para cualquier cielo encapotado.

Como siempre les agradezco venir a leer, picarse y compartir.

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