Brindo por el sentido común y la abolición de la intransigencia.

Lo confieso, entré a quirófano feliz, emocionada porque por fin iba a conocer a mi primogénito quien nacería por cesárea, pero jamás previne ni imaginé que al escuchar el llanto de un cachorrito también daría a luz a la “intransigencia” una que hasta mucho tiempo después pude encarar.

¡Sí, me convertí en una orgullosa mamá, primeriza, emocionada, ávida por explorar el terreno de la maternidad, ciega,  sí, por supuesto ciega de amor, intentaba ya saben cambiar al mundo!

Sin darme cuenta en ese “cambiar al mundo”  no solo lo positivo florecía, también alimentaba esa absurda mentalidad de que como ahora era mamá entonces el mundo tenía que hormar  a mis zapatos.


¡Silencio, el bebé esta dormido!

– Uy era una de mis frases favoritas, y cómo esa MUCHAS, pero dejen ustedes las frases, “los actos” acciones que parecían robo hormiga. De a poquito en poquito ha habido veces en que le he robado respeto a mi hijo, a mi núcleo familiar y a la sociedad.


La Familia Mono es hippie, sí, en ocasiones se nos van de vacaciones los límites, a veces consentimos a pasto – cómo dirían en mi pueblo – y pues tenemos la buena costumbre de la mayor parte del tiempo dejar ser NIÑOS  a nuestros hijos. Ya saben, que corran, brinquen, jueguen, pinten, abracen, sonrían y vuelvan a hacerlo todo una y otra vez.

Pero pues no vivimos solos en el planeta, así que las fiestas y reuniones familiares no se dejaron esperar..

-Y aquí hago una pequeña pausa para poner en contexto algo: con mi familia paterna cuando yo fui niña se acostumbraba a que pues uno veía, oía y callaba, se quedaba quieto casi sin parpadear en el sillón o lugar que te asignaran y con suerte si tus papás se apiadaban de ti, tenías derecho a jugar en ese espacio que te asignaban con tus juguetes. Sin estropearte la ropa, ensuciarte y ni qué decir de soltarte a hacer un berrinche porque lo primero que te entonaban era una miradita de pistola que para qué les cuento. Así pues todos los que en aquel entonces éramos niños sabíamos que la casa de los abuelos casi casi que era un museo. Nada se tocaba, no se corría dentro de la casa y por supuesto estaba prohibido hacer muecas. Uno tenía que fingir no ser niño y pues la misión era hacer pensar al adulto que pues uno la estaba pasando BOMBA. –

Una vez dicho lo anterior, cuando comenzaron las “reuniones” Don Mono y yo coincidimos que tal vez y sólo tal vez prescindiríamos de no sé,  un 90% de ellas.

Por la paz mundial, por el respeto a nuestros pequeños y también por respeto a quienes disfrutan de la cristalería ya sea en familia o en restaurantes, nosotros optamos por excluir a nuestros hijos. No, no todo el tiempo somos monos brincando de la liana, sí, sabemos comer con tenedores y sí, también les leo a veces el manual de Carreño. Pero no va por ahí…

La cuestión es que en mi opinión cuando hay cristalería de por medio en primer lugar hay una etiqueta de peligro, porque en cualquier momento, en cualquier mínima elevación de alegría podría irse al piso no sólo la vajilla sino también mi paciencia; porque yo reconozco que cuando son ese tipo de eventos u ocasiones me da el mimisqui porque en mi interior quisiera que se comportaran como niños de la realeza (jajaja pero ya ven que ni Kate logra que sus querubines hagan lo que ella desearía). Entonces nadie la pasa bien, yo estoy todo el tiempo estresada, ellos SON NIÑOS y están en esa etapa maravillosa de querer descubrir el mundo y no, definitivamente no ven las cosas como yo.

Al principio les contaba que di a luz a la intransigencia al nacer mi primogénito y es que sí, en ocasiones como papás pareciera que saliendo del hospital salimos de un lado con la pañalera y del otro con una pancarta activista. Tenemos la tendencia de brincarnos a los extremos y a veces pareciera que se nos olvida el respeto hacia quien no piensa como nosotros y es más somos irrespetuosos hasta con quien no está pasando por nuestro momento de vida, es decir “la paternidad”.

Y no, no todos tienen la obligación de chutarse a nuestros querubines en esos momentos de guerra interna (qué además tienen miles de esos momentos ¡lo juro!)

Cierto es, que la sociedad no nos excluye de ningún lugar, yo he llegado a pensar con el paso del tiempo que no nos pone un letrero de “prohibida la entrada con niños” porque asume que invocaremos al sentido común. Qué diremos no sé, no pues, punto 1 no hay área de juegos infantiles, 2. son escamoles y mi hijo dudo que hoy tenga ganas de comer eso, 3. uy además el espacio entre mesa y mesa es micrométrico, aún si mi hijo estuviera en la mejor disposición y el Sr. Netflix me ayudara un tantito, seguro si le da el mimisqui ni siquiera hay un espacio prudente para que pueda tirarse en el piso a hacer drama (ajajaj ok otra vez estoy exagerando) o de menos pensáramos ¡estaremos sólo el tiempo que TODOS la estemos pasando bien!  No que en ocasiones, lo he vivido en carne propia que yo INSISTO en que todo está marchando viento en popa (obvio negación) y alargo la tortura para todos, nada más por TERCA  o egoísta. Por qué nos comprendo perfecto a los papás que a veces queremos sentir que no sólo somos “el papá o la mamá de”. Pero para eso podemos perfecto pedir ayuda y de vez en vez darnos una escapadita en pareja.

En fin, mi abuela que ya anda de comadre de Dios en el cielo solía decirme que para todo hay un lugar y un momento.

¡La invitación a ser  respetuosos con los espacios y la armonía en general, siempre está abierta, es nuestra elección tomarla o hacernos de la vista gorda!

Y no se trata de exclusión, se trata de que no todos los lugares están diseñados o pensados para ir con niños en edad preescolar. Sí, es nuestra tarea forjar la educación y cultura pero pian pianito. Cada uno sabe perfectamente de qué pie cojean nuestros querubines ¡aunque nos hagamos de la vista gorda a veces!

Cada uno aunque no lo confiese, hace mentalmente una evaluación de riesgos antes de salir de casa en familia. Y lo digo porque me pasa que uno tiene el chip de intuir cuando hay altas probabilidades de alcanzar una salida exitosa.

Sí mis queridos moustiques, sería un hermoso detalle que dejáramos de ser tan reactivos, y el día de hoy subrayo en especial a mis colegas,  el hecho de ser padres sí, nos vuelve más sensibles en todos los aspectos, buenos y malos. En ocasiones sobre reaccionamos tomando la bandera de que es en pro de nuestros hijos, pero no hacemos un alto, no nos detenemos a pensar en que  si queremos sembrar una mejor sociedad, nuestro ejemplo debe ser congruente.  No podemos pedir a la sociedad que nos respete si nosotros traemos colgando del pecho la intransigencia.

En fin, hay de todo en la viña del señor diría mi abuela, hoy yo pido una disculpa pública a todos los que me he llevado entre las patas en mis lapsus de mamá cuervo y en los que me dejo cegar creyendo que YO TENGO SIEMPRE LA RAZÓN.

Discúlpenme, habrá veces que piense lo contrario y otras en las que coincida. De eso se trata la biodiversidad. Intento, créanme día con día ser más empática, pero es un trabajo difícil, el ejercicio del SER Y HACER en ocasiones me hace corto circuito. Pero, aunque di a luz a la intransigencia al salir del hospital, ha ido cayéndome el veinte ¡lo juro!

¡Y si no, qué me lo demande la Patria!

Finalmente y como siempre les agradezco por picarse, leer y compartir & mis queridos moustiques tomemos conciencia, cada cabeza es un mundo, pónganse siempre el saco que puedan ponerse, quitarse y colgar en el perchero y que les deje rondando una reflexión que los pueda hacer mejorar como personas; de lo contrario si es un saco que solo les alimente frustración | enojo | negatividad ¡SUELTENLO! es más ni se lo pongan…

Hoy, mañana y siempre sean felices, vivan y dejen vivir.

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