Un abrazo de retazos.

“…Somos pequeños pedacitos de tela entrelazados entre recuerdos y experiencias.  Madejas que tejemos con las manos y el corazón.  Retazos deshilados, desteñidos que acojinan melancolías.”

Era costurera o bueno lo fué cuando  “hubo” que serlo.

Porque en ocasiones  tenemos que improvisar roles u oficios para salir de paso o inclusive para sanar los pasos.


Comenzó empalmando pedazos de vida para crear un abrazo que pudiera transportarse.


Quería un abrazo de ella, uno que me acompañara a donde fuera en cualquier instante en el que lo necesitara,así nació su idea, o al menos esa es la historia que me contó.

Ella ya había sido costurera por muchos años en uno de los tantos talleres del Centro de la Cuidad de México donde confeccionó vestidos de novia, trajes a la medida y cojines para tiendas departamentales.  Inclusive alguna vez cosió una herida en la pierna en algún poblado incomunicado – ella comenta que lo hizo perfecto, con puntada invisible y que el involucrado se tatuó con los años un punto de cruz como recuerdo de la aventura –

En fin, ella fue una costurera que sin lugar a dudas me confeccionó los mejores trajes típicos y de festividades escolares, no sé si para los demás les parecían obras de arte; pero para mi, lo eran, estaban hechos por mi abuela y eso, era lo único que importaba.

En aquel entonces no pensé en las horas invertidas, y fue hasta muchos años después que me enteré de las largas horas de investigaciones que realizaba con tal de cumplir cabalmente con el traje típico de China Poblana o con el traje para el “bailable” de mambo que kinder1 solicitaba para amenizar la canción  del Negrito Sandía.

Sí, ella fue mi diseñadora de modas por muchos años, también mi maestra de costura en punto de cruz y mi mentora para aprender que las medidas ideales son las que reflejan la sencillez de tu porte y lo alto de tu espíritu.

Un día le pedí un abrazo, uno que pudiera guardar en mi bolsillo, tenía entonces 5 años, recuerdo perfecto que me sonrío y me dijo que lograría regalármelo al terminar el otoño.

Cuando la última hoja dorada de otoño cayó, una caja forrada de pedazos de papel fantasía me esperaba sobre la cama.

Era mi abrazo hecho colcha, una con retazos de toda una vida “la suya”  pedazos de tela de vestidos de novia, encajes, polyester, algodón, lino y multicolores, todo unido de una forma excepcional, eran tantas texturas que enloquecí haciéndome masaje con cada uno de los pedacitos en las mejillas.  Ella me regaló un abrazo ambulante, sí, ella se obsequió en cada momento…

“…Me encantaría decirte que podré tener los ojos para ensartar cada una de las agujas que te encuentres en el camino ¡Me encantaría!

Me encantaría asegurarte que todas las telas de la vida son vaporosas y que los encajes dibujarán grandes pliegues de sonrisas entre tus faldones ¡Me encantaría!

Pero no es así la vida, mi niña…

Cuando crezcas te darás cuenta de que somos una colcha repleta de pequeños retazos de obra y acciones, somos la unión de algodones y sedas, de hilo de cáñamo y paja, somos abrazos hechos colchas que nos rescatan de nuestras más terribles noches de tormenta, somos mil un pequeños cortes de grandes rollos de tela que viajan entre buques y subterráneos, hilos que vuelan entre peldaños y madejas que se sujetan fuerte de los arraigos.

Cuando crezcas mi niña, te darás cuenta de que el amor es la respuesta, siempre y en cada uno de los oficios, carreras y carretas. Cuando crezcas sabras que uno en ocasiones aprende y se instala de oficios para salir de paso o para rescatarse de los pasos que ha dado uno en falso, porque ¿sabes? hay recuentos que duelen y roles que sacan ampollas. Cuando crezcas, mi niña, sabras que las carreras no se ganan a paso redoblado, sino que la mejor caminata se disfruta a paso con tiento, sí, sin presiones ni estipulaciones. Cuando crezcas, mi niña sabras que son carretas las que te van a transportar de una etapa a otra.

Cuando crezcas, mi niña, sabras que mi abrazo te cobija, que aunque mis retazos tengan telas de pompo, platillo, arena y nixtamal, mi corazón siempre uso el mejor hilo para tejerte lindos recuerdos.

Cuando crezcas, mi niña, sé una costurera que se enorgullezca de sus manos, sus actos y sus retazos.”

 

Mis queridos moustiques, ninguno está exento de las heridas, todos tenemos retazos deshilados colgando de la garganta o el pecho; todos nos hemos ensartado en alguna situación tóxica o en ocasiones nos hemos dejado llevar por el satín de las circunstancias.

Intentemos que nuestro ser a pesar de los retazos que nos unan se definan por la calidad y calidez del hilo que los conecte, que la madeja principal sea el amor. Que podamos ser ese abrazo al que se pueda recurrir en momentos de gloria y desdicha. Que podamos cobijar y contener. Que tengamos esa capacidad de unir sin importar la clase de hilo y la calidad de la tela.

Que podamos crear desde la paja. Que podamos ser costureros de una vida sencilla, feliz y en paz.

Hoy les dejo un abrazo acolchado, repleto de buenos deseos, reiterándoles mi gratitud hacia ustedes por tomarse el tiempo de picarse,leer y compartir.

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