La paz juega a las escondidillas #mamadecloset

Se hizo el silencio. Ni tan silencio porque en el fondo del pasillo escucho a Pink Martini. Pero el silencio indica que todos ya llegaron o están llegando a casa. Y de un modo u otro, es el silencio anhelado. Porque mi bolchevique por fin está en cama, y me va a dejar por fin trabajar, cenar, leer un libro. Todas las cosas que pienso que puedo hacer ahora que ya llegó la paz.

Y prendo la computadora. Y veo que tengo toneladas de mails que escribir y que contestar. Y sacar pendientes. Y pongo música. Y el silencio anhelado, se difumina porque hay un eterno ruido en la cabeza. Y acabo cansada. Muy cansada.

Mi remolino con cabellos de pájaro loco me despierta con un grito: “Mamá”. Eso quiere decir “Sácame de la cuna ya”. Y el carrusel de emociones empieza. La traigo a la cama conmigo. Pero no le hago mucho caso porque quiero dormir. Pero ella se las ingenia para que le haga caso. Se trepa en mi regazo, me abre el ojo, toma mi i-phone. Por más que quiero dormir, misiva abortada.

Y empiezo el día: su lechita, cambiarle el pañal, jugar a las luchitas porque Pía piensa que es inútil vestirse. Y más peinarse. Lávate los dientes. Pon dos mamilas, vamos a la guardería. Regreso. Sacar pendientes, planear, ejecutar, chambear… y ya son las tres para recoger a mi querida Holligan. Y llega y me da un abrazo como si la hubiera dejado cinco años. Y la resistencia por no quererse subir al coche. ¿Por qué se va a subir a su asiento, si ella puede manejar? No me quiere ceder que yo sea el chofer. Ella quiere ser la chofera.

Y nos la ingeniamos para tener la tarde juntas. A veces nos vamos a tomar el café. Pero Pía no es la mejor comadre. No le gusta el chisme. No entiende eso del capuchino, pero si entiende ir a la cocina del cafecito a tomar todos los sobrecitos de azúcar. Otros días, vamos al parque. Nos subimos a las resbaladillas. Pía se trepa hasta en los rincones menos pensados. Y a la hora de bañar, mete todos sus juguetes. Y decide que sus muñecos se bañan, pero que ella no. De infraganti, le echo dos jicarazos en la cabeza, cosa que no le gusta. Pero con su eterna misericordia, me sonríe como señal de perdón. Cena, a veces quiere cenar, y a veces no, pero indiscutiblemente, el babero es una pérdida de tiempo. ¿Para qué ponérselo si se puede manchar la pijama recién lavada? Subimos al cuarto. Automáticamente escoge su cuento: ¿Dónde está el perrito Kimbo? Su favorito. Para esos momentos, mamá de clóset ya está pidiendo cama. Leemos cuento, son las estrellitas, canción de cuna, niñito Jesús, y brinquito a dormir.

Y por fin, libre. ¿Libre? En realidad no. El ruido en la cabeza revolotea como mariposas monarcas. Y el día a día nos come sin saber qué comemos. Y de pronto, me doy cuenta que pido paz para estar en silencio, pero la paz no llega porque yo no estoy en silencio. Y no sé estar en silencio. Y que mi paz, a veces es el ruido. Sí el ruido que Pía hace con sus ruiditos. Cuando dice “Chi” “Vamoz” y el aterrador, pero también consolador grito que sale de sus pequeños pero flamantes pulmones: “Mamá”.

La paz. Pía me ha dado un re-significado de paz, que confieso, me he tardado en comprender, y no siempre lo entiendo. Porque no siempre tengo mi aleteo activo, y mi aletargo en el vaivén del sin sentido mundo del adulto.

Pero Pía redefine la paz cuando se ríe de la nada. Si, de la nada. Sólo se ríe por reírse. O tal vez por algo: le saqué la lengua, se sentó en la orillita de la cama, le bailé cha-cha-cha. Busco tanto el silencio, la paz. Y se me olvida que la paz es ella. Que la paz juega a las escondidillas cuando me destapa la cobija. Cuando me mira a los ojos, y toca mi nariz para ver si es de verdad.

Vivimos en un mundo vuelto de cabeza. Queremos algo y no nos damos cuenta que lo tenemos. Y que siempre ha estado ahí. En un mundo al revés donde los pies están en la cabeza, y la cabeza quién sabe dónde se metió, a veces, mirar a esos pequeños duendes mágicos que no pasan del metro de estatura, nos ayuda a encontrar perspectiva y equilibrio en este mundo.

Mi paz, mi duende mágico llamado Pía. Y se hizo el ruido….

paula@moustique.com.mx'

Sobre Paula Hurtado

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