Reflexión con recomendación imperativa.

Me llevó casi un año ver “La vida misma”, debo confesar que en la última década le he encontrado sentido a la frase que tantas veces escuché ¡para algo!

Esta película habla de cómo los puntos que parecieran equidistantes logran unirse en momentos clave para crear lo que conocemos como destino y está en nosotros ser narradores de una historia donde seamos facilitadores de los mensajes que el amor nos tiene reservados.

Efectivamente este film me dejó una capirotada de emociones que fueron acompañadas de lágrimas y media caja de kleenex.


“…la vida misma nos pone trampas, nos confunde, nos pone a un hombre como héroe cuando podría ser el villano”

Cada uno es la síntesis de historias ligadas íntimamente que convergen en el amor.

 


Todos vivimos diferentes momentos a lo largo de nuestra vida,  ésos que nos dejan tambaleando, los que nos someten hasta  quedar de rodillas y aquellos en los que somos arrastrados por la marea alta terminando con los ánimos desgastados. Todos tenemos una narrativa distinta con protagonistas varios…

Todos en momentos somos arquitectos y también demoledores, cada uno a lo largo de su historial de decisiones se ve envuelto en el papel de héroe o villano. Algunos incluso cabalgamos más tiempo en un polo hasta que con suerte la madurez nos hace caminar en la cuerda floja, buscando el equilibrio para mantenernos domesticados.

En mi caso esta película me ha ahorrado 3 sesiones con la terapeuta y dos flanes napolitanos, me reencontró con la puerta en la cara y el chichon en la cabeza.

Sí, esta historia me recordó que a pesar de todo lo que venga arrastrando si miro más allá encontraré AMOR en todas sus vistas.

En fin mis queridos moustiques, en ocasiones vamos dando de tumbos por la vida dejando en un volado las decisiones importantes, otras tantas olvidamos la tierra que nos hace historia y los personajes que han confabulado para que hoy estemos vivitos y coleando.

Sí, nos hacemos olvidadizos de que los sueños de alguien más se hicieron realidad al oír nuestro latido por vez primera, en ocasiones pasamos de largo el nombre de la primera persona que confió en nuestros sueños cuando un millón pensaban que eran pavadas.

Que ésa, nuestra vida misma, nos confronte con el error y la experiencia, que ésa “su vida” permanezca evolucionándolos, abrazándolos y mejorando el día anterior, dejando intacto el núcleo de amor que los creó.

Les abrazo y obviamente es imperativo que vean LA VIDA MISMA, para que me cuenten qué les dejó pendiendo de su mano.

Sobre Mariana "Fan"