#mamadecloset


Los bebés son como libretas nuevas al inicio del curso escolar. Los forramos, le ponemos las etiquetitas más monas que tenemos, y empezamos a escribir con nuestra mejor letra, sin rayones, recaditos, con el propósito de que el cuaderno se quede impecable.
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Así es nuestro bebé, queremos que su historia sea maravillosa y que sea el cuaderno con la mejor letra. De esos cuadernos que todos quieren tener para estudiar para el examen. Claro está, que a veces confundimos si es la historia del bebé la que él o ella está escribiendo, o la nuestra a través de nuestra herencia.

En esta tarea de que sea el mejor cuaderno, queremos evitarle al máximo, que años después, se gaste su dinero en terapias por frustraciones adquiridas desde su infancia. Por eso, con lo mejor que tenemos, le echamos todas las ganas para educar niños felices y libres.

Y aunque ser padres de familia es el oficio menos creativo de la historia; y hay una vasta tradición oral y bibliografía de crianza al respecto; aún no hay fórmulas ni leyes universales que se puedan aplicar como las de Newton.

¿Y cómo educar a bebés libres? ¿A esos bebés, que serán niños, adultos qué tomarán decisiones ante opciones ilimitadas? ¿Cuáles son las mejores herramientas que le debemos proporcionar para el manejo de la libertad;  y que puedan tomar mejores [1] decisiones?

Y es aquí donde entran los marcos de referencia,  los límites. Donde, aunque pareciera paradójico, estos limites, son inherentes a la libertad, ya que le dan estructura a la existencia; proveyéndoles de seguridad ontológica y de identidad. Identidad para saber quién eres, qué quieres y por qué. Y estos límites o marcos de referencia ayudarán a esa pequeña personita a convertirse en un ser autónomo. Un ser autónomo, en el que le estás desarrollando la capacidad de tomar decisiones de manera consciente.

En un esfuerzo para que Pía se “sintiese libre” de gatear por donde ella decidiera; y tocar lo que quisiera para que pudiera descubrir este mundo y que no se sintiera reprimida, el I-Phone es su marco de referencia, su límite. El I-Phone me ha servido como su boleto para que aprenda a que cada decisión viene acompañada de una responsabilidad. Y Pía, a su añito de vida, empieza a ser consciente del peso de sus decisiones.

Al principio, no quería restringirle nada. Creo que escuchar constantemente “NO”  es limitar a un bebé a  ser lo que sabe hacer: ser bebé. Y que en el futuro, puede minar su autoestima de creer que este mundo “No se toca, no se puede.” No escucha tan seguido el “SÍ” porque cuando es sí, ya lo está haciendo. Es una palabra activa. En cambio, el NO, es pasivo y reiterativo. Casi entra como mantra en el lenguaje.

Y en el lenguaje del SÍ, Pía se ha dado vuelo a la hilacha explorando. Obviamente, dejando fuera del alcance las cosas que pueden ser peligrosas para ella (cuchillos, cerillos, y materiales inimaginables que hasta que no eres papá, no eres consciente).  Y ha tocado de todo. Y también se ha vuelto inmune a algunos virus.

Y era un bebé hippie, sin límites, absorbiendo todos los olores, colores, texturas, sabores:  -“Peace & love”  me decía. Hasta que nos topamos con el I-Phone. Como su mamá es una adicta al Twitter, su atención  compite con la atención  que su mamá le da a ese aparato. Así que tocar el teléfono es lo más atractivo que ella puede hacer. La vuelve loca.

Y con esta filosofía del SÍ, se lo dejé tocar. Para que no sintiera ansiedad de lo “prohibido” y dejarla “libre.” Hasta que el telefonito se echó a perder. Fui a la Mac, y cuando me preguntaron por qué la pantalla de la cámara se veía mojada,  me sonrojé al decirle que eran las babas de mi bebé. Y obviamente, la garantía no cubría babas jugosas de la adorable Pía. Así que pagué una fortuna por arreglarlo.

Y  es ahí cuando recordé que los marcos de referencia  o límites son el mejor equipaje para dotar de capacidades para el uso de la libertad. No es que el I-Phone se haya convertido en el objeto del deseo que no se puede tocar. El I-Phone  se convirtió en la herramienta para el uso de su libertad. Se lo doy, y le explico que si lo empieza a babear, se lo voy a quitar porque el teléfono se puede descomponer. Y lo cumplo.

Ella sabe que puede hacer uso de su libertad jugando con el teléfono. Pero a medida que ha ido creciendo, ha empezado a entender los costos y beneficios de sus decisiones. Pía se mete todo a la boca. Pero, por extraño que parezca, el I-Phone, es de los pocos objetos, si no es que el único, que ya no lo babea (o rara vez). Porque sabe que se lo quito inmediatamente y que es su objeto más preciado.

Mi pequeña bebé, el I-Phone y la libertad han empezado una relación muy cercana en el camino de la toma de las decisiones y la responsabilidad. Creo que nos graduaremos en  autonomía cuando entendamos el uso de la Mac X PRO.


[1] Definiendo “Mejores” decisiones a lo más cercano a lo racionalmente correcto.

paula@moustique.com.mx'

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