Historia del Silencio...

Silencios. Unos, la señal inequívoca del adiós. De la distancia. Otros, de la cobardía. Silencios por no haber defendido tus ideas, al ser lastimado, injuriado. Otros, la complicidad de la intimidad. Los silencios contigo mismo. Con el encontrarte, con el escucharte, con el (re) encontrarte, con el evadirte. He tejido con otros, conmigo, historias de silencios. Porque aunque no hay palabras, siempre hay historias…

 Mi historia contigo

Querida Pía, nuestra historia ha sido una historia de silencio. Tú, te levantas cada mañana, y tu lenguaje es una sonrisa. O un graznido. Hemos convivido en la comunión del silencio. En ese lenguaje donde los brazos son las letras y los besos, mis besos, son las oraciones. Me has brindado párrafos completos con tan sólo mirarme. Tú, como Saramago, no usas la puntuación. Me recitas cuartillas al explorarme mis ojos, tocarme mi nariz, mi boca, mis manos. Al saberte tú, y al saber que soy otra. Que no eres tú. Nos hemos hablado. Quieres jugar al caballito, y sabes que te subes a mi regazo y brincas para que juegue contigo. No es necesario hablar. Bien decía Sabines que el amor es el “silencio más fino.” En aquello que se reduce a uno. Donde la paz hace una cita a media mañana, y donde lo demás, nada importa. Porque no importa nada.

Y hoy quiero congelar el momento. Y disfrutar tu silencio. Mi silencio. Nuestro silencio. Y de pronto, me doy cuenta, que estás a punto de cruzar el umbral de la palabra. Una amiga, de esas que son queridas y entrañables por siempre, me comentaba que María Montessori lo llamaba “grado de independencia.” Yo no lo sé de cierto, pero supongo, que tú, aún en el silencio, ya te sabes dueña de tu libertad. Tus piernas te lo han dicho, y las usado para explorar e irte a conocer el mundo. Sin avisar. Sólo siguiendo tu espíritu.

En tu mochila de búho, en esa que llevas tu equipaje de libertad, has agregado nuevas palabras: mama, no, agua, uuy, y la nueva, mano. Y hoy, las celebro, las honro y le damos la bienvenida a la avalancha de las letras. Cada día, como tesoro, encontrarás nuevas palabras, que serán como los huevitos de Pascua. Caminaremos por la senda de la palabra. Y serán tus nuevas herramientas para comunicarte en este universo.

Y en un ataque de angustia, veo un mañana, en qué adolescente, quizás no quieras hablar conmigo. Tu silencio como el de la indiferencia. Esos que parten el corazón. Y aunque es sólo un imaginario, un fantasma que atemoriza sin sustento alguno, presiento que nuestra historia de silencios será de significados múltiples….

Mi historia con mi silencio. Del yo que se escucha y muestra su debilidad y fortaleza, del que te escribo y me escribo. Porque te creaste en el silencio. Y en el silencio hemos trazado una historia de vida. La aventura de las palabras se aproxima. Pero antes, una pausa. Una brecha de silencio. Para que algún día, cuando puedas leer estas letras, en una noche de silencio, escuches nuestra historia tejida por hilos invisibles; que susurran, que sólo tú y yo sabemos que estamos para nosotras en este planeta.

Eres el silencio que le ha dado voz a mi mundo.

paula@moustique.com.mx'

Sobre Paula Hurtado

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