La NO Muñequita #mamádecloset

Me ha costado trabajo entender que no es una matrushkita. Se parece, y tiene muñequitas más chiquitas, pero no se queda quieta. No es un cachete rojo pintado en madera labrada.

Se mueve, y se enoja. Y vaya que tiene carácter. Se pone fúrica cuando no alcanza algo. O cuando se lo quitan. ¿Por qué le cierro al grifo de agua si ella estaba encontrando la más plena de las diversiones

Y es que al mirarla, sólo veo dos caniquitas verdes en su carita, con una fresita roja en sus labios. Aún en sus peores días. Es mi bebé, mi muñequita. Pero los días están contados para que deje de serlo. En realidad nunca fue mi muñequita, pero mamá sigue creyendo que sí.

Ella es libre. Y a sus 70 y pico centímetros de estatura, ya es una persona independiente. Ya se pone sus zapatitos, y alza sus manitas para que le pongan la camiseta. Y se va. Olvídate de que le intentes dar la mano. Eso no está permitido. La exploración del mundo no contempla un “más uno.” Le estorbo.

Me encanta observarla. Aún en sus berrinches. Bienvenida a la frustración de no tener lo que quieres. Been there, done that. Y si quiere, te saluda, te hace un aleteo en sus manitas, y el mundo se te cae a pedazos. Pero cuando no quiere, te mira, o no te mira siquiera, y pasa de frente cual princesita altiva.

Es mi muñequita, mi princesita, mi cosa. Y a la vez, no es nada de eso. Es Pía, y defiende su personalidad a sus añito 9 meses. No tiene tiempo que perder. Y necesita ganarse espacios para apropiarse más de este mundo. Hoy descubrió el jardín de la abuela. Ayer se metió a la casa de la vecina. Pero todo es suyo, todo lo pertenece. Porque ella es una criatura celestial que la tierra la acogió para que pase el mejor de sus veranos. Se deja consentir.

Yo, por lo tanto, sigo jugando a ser mamá. Y otras cosas más que me divierten. Mi mamá me dice que no me he acabado de organizar. En traducción, que todavía no le agarró la onda. Y quiero jugar a que tengo una muñeca. Pero la muñeca es rebelde y me recuerda que no es muñeca de aparador, y mucho menos, Cabbage Patch.

Y yo me deshago. Ella decide su camino, y a la gente que quiere y necesita. A veces, mis bracitos le sirven de consuelo. A veces, los de papá, la abuela, la nana, son más apetitosos. No sé cuáles son sus criterios, pero siento un alivio que me los siga queriendo dar, a pesar de mi delgadez y que me venzo con ella.

No, no es mi matruskita. Pero quisiera que lo fuera. Es un ser humano con más determinación y energía que muchos, muchos hombres de gris (como diría Momo) paseando por ahí.

Pía, mi querida Pía, tal vez un día leas esto. Mi mente está blanco, y no hay reflexión que hacer. Me tienes embobada. Con tu espíritu. Con tu andar. Con tu diario vivir. Contigo he vuelto a renacer y re significar lo importante (que es jugar con el Leoncio Diabético de peluche). Tu desobediencia me llena de alegría (ahora) porque me demuestran tu espíritu libre. Eres vida dentro de la vida, y sólo de verte, me das vida.

Pía, mi querida Pía, no puedo escribir. A veces siento que es una pérdida de tiempo, porque pienso que me resto de segundos de disfrutarte, admirarte. Eres mi matrushkita favorita. Corrijo. Mi ser humano favorito. Mi muñeca con su muñeca, o sin muñeca, gracias por permitirme jugar, contigo, al juego de la vida. O la vida en juego.

paula@moustique.com.mx'

Sobre Paula Hurtado

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