Miércoles de plaza: brujas y princesas al 2x1. #mamádecloset

Tenemos la manía de etiquetar. Etiquetamos todo. Pareciera ser qué es la lógica de nuestro cerebro para poner orden en nuestro caos mental. Etiquetamos todo lo que nos rodea por colores, olores, sabores, texturas, por funciones, fobias, placeres.

A veces pienso que el mundo se vuelve un súper gigante, un Walmart, donde pasamos con el carrito poniendo las etiquetas a todo producto que nos rodea. Pero… ¡Oh sorpresa! Los “productos” que etiquetamos también son personas: fresa, naca, hippie, lady de Polanco, wannabe, mirrey, sluty, topil. Y también le ponemos un precio a las personas. Y hasta hay miércoles de plaza de 2×1 y rebajas.

Y en nuestro deporte nacional de etiquetar, Pía nos dio una lección. El otro día operaron a mi mamá de los ojos. Tenía la cara hinchada y los párpados morados, grandes, como sapo. Pía la fue a visitar. Mi mamá apenada, le dijo: “Pía parezco bruja. Me veo horrible. No me veas.”

A Pía no le importó. Se trepó en ella, le tocó su nariz y le hizo cariñitos como siempre. Para Pía, mi mamá, su abuela, es una señora que la carga y le da besitos; y que no sabe bien que le dice, pero siente cariño. Tal vez oyó la palabra “Bruja” y se le hizo chistoso. “Bruja” ha de ser una palabra padre, pensó. “Horrible” ¿Qué es Horrible? Pía se rió cuando le dijeron esa palabra. A de ser cómo cosquillitas, a lo mejor se imaginó. Esa tarde, mi mamá se olvidó del dolor que le causaba la reciente operación y jugó con Pía de lo más feliz y contenta.

Una vez, mi ex jefe, me dio este consejo: “El principal problema de la comunicación es llenar las palabras con adjetivos.” Bruja, princesa, horrible, bonita, loser, winner, son etiquetas con cargas emocionales. A veces, más de las que deberían tener. “Le pones mucha salsa a los tacos” Así es, los adjetivos, las etiquetas, son como la salsa de los tacos. A veces le ponemos tanto, que en vez de condimentarlos, hasta nos pasamos, y nos da gastritis del hoyo tan grande que hacemos en el estómago.

Y sin darnos cuenta, al etiquetar creamos brechas. Marcamos diferencias. ¿Por qué las brujas son malas y las princesas son buenas?  Que yo recuerde, en Wicked las brujas eran a todo dar, súper cool. Y las princesas, no siempre son tan bellas y divinas. También hay insensibles y egocéntricas. ¿Por qué reducir a una persona con un sólo adjetivo?

Entiendo nuestra tendencia natural a designar conceptos para poder comunicarnos. El tema no creo que sea la clasificación por sí misma, si no cómo lo hacemos y qué significado le damos. A través del uso excesivo de los adjetivos, simplificamos poniendo un precio que no necesariamente refleja el verdadero valor de las personas. Los adjetivos son “shortcuts” que nos hacen trampas porque reducen el valor a un sólo concepto. Y cómo los seres humanos somos muchos más complejos, “malbaratamos” a las personas.

Además, esos precios y etiquetas son subjetivas ya que son percepciones. ¿Por qué asociar la palabra “Bruja” con algo malo y “Princesa” con lo bueno? Hay personas que no son Brad Pitt, pero también tienen su corazoncito y tienen mucho valor. Lo que se me hace muy triste, es ver a un niño que ve a alguien que se le considera “feo” y se aleja sin darse oportunidad de ver quién estaba ahí. ¿Quién nos dijo que ser bonito era lo mejor? ¿Qué la imagen de una princesa bella era el ideal? (Ya sé, a más de uno nos vino Disney a nuestra mente).

En fin, creo que estereotipar aleja más que acerca. Resta más que suma. Divide, más que multiplica. Y con las noticias que leemos y vivimos a diario, nos damos cuenta de que estamos en una sociedad muy polarizada para que; además, los niños carguen en su vocabulario con etiquetas y marcas pasadas de moda. Sería importante incorporar un lenguaje de derechos humanos en nuestras palabras cotidianas, que es el reflejo de cómo entendemos el mundo.  

Pía nos dio una gran lección a su abuela y a mí. Ella sólo quiere jugar. Y poco le importó si su abuela se veía horrible o bruja. A veces no está mal hacernos una limpieza mental de nuestros prejuicios y nuestras maneras de dividir al mundo para aceptar y dejar ser. Para que, sin adjetivos, no malbaratemos a las personas como si estuvieran en el Walmart. Y que miremos, como nos recuerda el Principito, donde “lo esencial es invisible a los ojos” (y al scanner de nuestros juicios). 

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