¿Nene nene que vas a ser, cuándo seas grande?

-¡Un caballo! – exclamaba Leonora Carrington, la niña inglesa heredera de la fábrica de textiles más importante de Inglaterra, quien, en su espíritu rebelde e indomable, un caballo era la libertad para salir de su pradera, las ataduras de su familia y sus códigos sociales y éticos. Conocer un mundo que iba más allá del planeta tierra: el surrealismo.

-Quiero ser guarura– nos confesó un chavito de 8 años de Xochimilco que ha experimentado la violencia familiar y que no vive con sus padres. –¿Por qué guarura? – Le preguntaba. Porque ellos tienen pistolas. Se imaginaba que las pistolas le daban poder, lo hacían “ser grande.”

-Cajero- con el brillo en los ojos y una sonrisa traviesa, nos decía otro niño. Cajero, porque tienen mucho dinero en sus manos. -No sé- me decían otros chavitos y chavitas de situaciones económicas extremas, y todos los problemas sociales que se derraman.

-Caballo, guarura, cajero de banco, enfermera, dentista, barrendera, godinez, bloguera, diseñadora de modas, mamá, media manager, estrella de rock & roll, Presidenta de la Nación y muchos “no sé.” Las preguntas que se me atraviesan son: ¿De dónde salen estos sueños? ¿Cómo se les ocurre? ¿Por qué los niñas y niños responden que no tienen idea si soñar no cuesta nada? ¿Realmente no cuesta nada?

Muchas veces me he preguntado qué sueñan los bebes. Han de soñar muy rico porque se la pasan todo el día dormidos. Pero después de darle muchas vueltas, intuyo que tal vez no sueñan. O el estado en el que están, es otra dimensión distinta a cómo nosotros concebimos los sueños.

Y digo, (lo confieso tímidamente porque no tengo una respuesta científica), que los bebés no sueñan, porque creo que los sueños, locos o no locos, se construyen a partir de experiencias de vida. Y si no han tenido esas experiencias, es difícil que se realicen bosquejos en la cabeza.

Construyes y de-construyes experiencias, y de ahí surgen sueños donde se combinan realidades y fantasías. Son los sueños, una alberca de opciones. Y es ahí, donde me hace sentido, que las niñas y los niños, sinceramente te contesten que no saben. Porque tal vez no hay tela donde cortar. O que te contesten guarura o cajero, porque es lo más cercano que han visto con ser rico y poderoso. O declaren su deseo a ser caballo, dado el contexto de normas impuestas que vivió la Carrington de su niñez.

¿Soñar no cuesta nada? – ¿En serio? Creo que bajo esta lógica, soñar es carísimo. Porque los sueños son experiencias o al menos imágenes de experiencias. Creo que, como todo en la vida, “there is no free lunch”; y los sueños no son una excepción. Los sueños cuestan, y nos cuestan cómo padres, en qué experiencias (imágenes, situaciones) les damos a nuestros bebés, para que luego, ellos mismos recojan en su récord personal. Y la cosa se pone más costosa, porque sin valores, esas experiencias se desbordan. Soñar si cuesta, y cuesta mucho.

En un foro, la creadora de MySpace e inversionista de Sillicon Valley, contaba cómo ella había llegado a ser “grande ejecutiva”. Ella respondió que al ver que su mamá y sus tías era Phd de Stanford y de universidades prestigiosas, lo que hacía era lo más natural del mundo porque era lo que tenía en su entorno. El ejemplo de lo que vivía a diario.

No todos tenemos mamás con Phd en Harvard; pero ¿qué ejemplo les damos a nuestros niños para que se les haga natural “ser grandes”? Para que, como dicen los gringos, nuestras niñas y niños puedan ser “almighty children”, es decir niños y niñas empoderados. Para que una pistola y ver a los guaruras cómo Juan Camaney, no sea la imagen de lo que significa ser chido (con todo respeto a la profesión).  

Una vez, escuche que una realidad se puede cambiar, a partir de lo que se decida, se imagine. Y que una decisión se toma, visualizando una imagen o conjunto de imágenes de esa decisión segundos antes. Rose Mary Salum, compiló una antología de cuentos árabes y judíos. Ella decía, que si se podía imaginar estos dos mundos juntos antes de la toma de decisión, se podía cambiar la realidad. De ahí la compilación de cuentos que construyen imágenes de convivencia entre estas religiones  y culturas para dar opciones a la libertad.

Me parece que es complicado hablar de “empoderar a nuestras niñas y niños”; sin antes, no les ayudamos a crear abanicos de opciones ricos en experiencias e imágenes  donde puedan construir “sueños grandes”. Sueños grandes donde el límite sea el cielo. Pero es en el ejemplo, en hacer extraordinario lo ordinario, y lo ordinario algo extraordinario, que podremos acariciar este empoderamiento tan necesario en nuestro país.

Honestamente, creo que estoy más preocupada en construirle opciones a Pía que en cambiarle el pañal. De hecho, cambiarle el pañal se me olvida a veces. Soy un desastre. Pero lo que no se me olvida, es que quiero que Pía tenga un catálogo de opciones ilimitadas para que se imagine que puede hacer y ser lo que ella quiera. Construir, inventarse, y re-inventarse a partir de sus sueños.

Estoy arrancando una fundación con personas maravillosas. Y muchas veces, me he levantado en la madrugada, pensado si vale la pena seguirle o no. Y me lo pregunto porque es el tiempo que le podría dedicar a Pía. Porque podría contratarme en un trabajo estable donde no me estaría cruzando y crujiendo los dedos para tener entradas financieras. Me lo he preguntado no una, muchas veces. Si vale la pena jugar a la emprendedora cuando tengo pañales y guardería que pagar. Y no sé si está bien o no, pero quiero que sepa, que un día a su mamá se le metió en la cabeza la loca de idea de tener su propio changarro, una calificadora que genera confianza entre inversionistas y proyectos para cambiar la vida de las personas y tener más impacto social. El futuro de la organización, incierto. Pero creo que eso no importa. Quiero que sepa que es lo más natural del mundo intentar y hacer lo que uno sueña. 

paula@moustique.com.mx'

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