Carta de #mamádecloset a su querida Pía.

Junio 3, 2015.

 

Querida Pía:

Hoy en la tarde que jugábamos en la resbaladilla, me di cuenta que ya te subes solita al gusanito. Y que corres por el pasadizo de un lado a otro, como si fuera mantequilla. Y lo que es más increíble, es que yo también ya me puedo subir solita al gusanito. Ya casi soy como tú. Hoy jugamos a que yo era el feroz, como dices, y corrías para que no te comiera. Y que corres tan rápido, que ya no le hago “como que te alcanzo.” Efectivamente, ya no te alcanzo y me dejas casi sin aire.

Hoy en la tarde que jugábamos, me di cuenta, de que ya no juego al monólogo con mi muñequita. Con esa princesita que le hablaba, pero que no me respondía, y con esa historia que uno se inventa cuando el interlocutor es mudo. Ya me respondes… ¡Vaya que me respondes! Eres una fiera, y también te encanta mandar. Me dices dónde sentarme, dónde pararme, y te enojas. No te digo ¡Qué carácter!, porque lo sacaste igualito a tu madre! ¡Eres brava!

Pero me peloteas. Ayer, en la clase de música, tomaste tu galleta María, y pensaste en mí. También me traías una a mí. Y cuando contamos cuentos, tú me lo quieres contar a mí. Y hasta un día, a tus 2.9 añitos, me dijiste “Mami, no estés triste”, y me diste un abrazote.

Esa muñequita empieza a ser mi compañera de juego, o al revés, te diste cuenta, que mamá, puede ser también divertida como lo es tu Peppa o el Leoncio diabético. Empezamos a entrar en el mundo del compartir. De ser. Y de convivir.

La barrera del silencio se rompió, y una infinidad de múltiples opciones para comunicarnos se abrió. Desde el lenguaje del beso, de las cosquillas, del lobo feroz, hasta el sofisticado y mágico mundo del idioma. Ya hablas todo, y yo no dejo de sorprenderme de ti.

Dices que eres bebe chiquita, pero ya eres una grandota bebé. En ese orden porque así lo dices. Abrazas el cambio, con la gracia del que recibe chocolates todos los días. Feliz, abierta, y con una sonrisa. Y es que estás creciendo. Pero en tu evolución, tu mamá parece Benjamin Button, porque, a veces, le asusta el cambio. Quisiera congelarte por siempre. Que fueran eternas nuestras tardes en los juegos. Como de la nada, que llegas y te trepas en mi cuello, para que te haga caballito.

Quisiera que la niñez fuera como estación de tren, que llegas a una parada, y que tienes opción de quedarte ahí. A veces, no puedo de la emoción, y te abrazo y te como a besos, porque no me la creo que tenga semejante angelote en mi casa. Pero tú me dices, ¡No me gusta, no quiero besitos! ¡Ya hasta eres Pía adolescente! Es un sueñote en el que no quisiera despertar. Tú, tan viva y tan madura, y tu mamá, tan chillona y tan sonsa. Porque sí que se me perdió dos que tres neuronas en el camino. Tú creces y creces, y tu mamá que se queda paralizada sólo de verte.

Pía, te escribo esta carta para que nunca se te olvide, cuando pasen los años, de cómo te gozo. Y aunque estás ahorita dormidita chupándote tu dedito, quisiera pedirte, que me enseñes a crecer contigo. Que no me de miedo si ya eres niña y ya no te puedo cargar. Que ya no extrañe si ya no quieres que te abrace. Pía, dame, por favor, tu dedito bebé, como tú dices, para que, juntas, caminemos, y siempre, siempre, abracemos el cambio como cuando corres hacia los juegos, cómo bólido y esperando la nueva aventura que está por comenzar.

Porque eres mi sensei y mi ejemplo a seguir,

Te quiero (poquito)

Tu mamá mamá.

paula@moustique.com.mx'

Sobre Paula Hurtado

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