Getting Ready #Sugar&SpiceWhatAboutNice? 2

All my life, when people asked me what I wanted to be when I grew up my answer was always a good mother.   In my head, that started as soon as I found I was pregnant.  I had so many questions and needed to find out exactly what I could do in order to help my little embryo grow into the healthiest little person possible.  Emperor King Chark and I wrote up a list of about 30 questions and headed to my doctors office.   I had to find a new doctor because my usual OBGYN was at a hospital at the other side of the city.  We figured if I went into labor during traffic hours in one of the biggest cities in the world, logistically speaking it was not going to work with her.  From the moment I first sat down with the new doctor until about four months after my baby was born, that relationship became the most love/hate liaison you could imagine.

After all the questions were answered, measurements taken, information packets given, and rapport was being built came the first bombshell.   “What do you do to stay in shape?” she asked.  I freely talked about my passion for dance and how it had become my vice and about how I took numerous dance classes a week.  “Well, they’re gone for a while, no high impact cardio from now on.”  Limitation number one, right where it hurt the most!  But, this is what I wanted and I knew sacrifices were going to have to be made.  “So do you want to see your baby?” was the only thing that changed my mood after that.

That first ultrasound was one of the most special occasions I’ve ever had in my life.  There was a little lima bean and inside it was a beating heart.  At that moment I realized miracles exist.  My husband and I had created life.   Through tears I stared at the screen and felt more love than I ever had before.   I prayed for a good pregnancy and went home and read every little bit of information I could get my hands on.

Toda mi vida, cuando la gente me preguntaba que quería ser de grande yo siempre respondía: una buena madre. En mi cabeza, eso empezó a retumbar tan pronto como supe que estaba embarazada. Tenía tantas preguntas y necesitaba saber exactamente qué podía hacer para ayudar a mi pequeño embrión a crecer en la personita más saludable posible. Emperador Rey Chark y yo escribimos una lista de cerca de 30 preguntas y  nos dirigimos a la oficina del doctor.  Tenía que encontrar un nuevo médico porque mi ginecólogo habitual estaba en un hospital al otro lado de la ciudad. Pensamos que si entraba en labor parto durante las horas de tráfico en una de las ciudades más grandes del mundo, logísticamente hablando, no iba a ser lo mejor para el bebé. Desde el primer momento en que me senté con el nuevo médico hasta unos cuatro meses después del nacimiento de mi bebé, esa relación se convirtió en el mayor amor / odio que puedan imaginarse.

Después de que todas las preguntas fueron respondidas, las medidas tomadas y los montones de información dados, justo cuando la relación se empieza a construir, llega la primera bomba

“¿Qué hace usted para mantenerse en forma”, preguntó.  Yo hablé libremente de mi pasión por la danza, de como  se había convertido en mi vicio y de las muchas clases que tomaba a la semana.

“Bueno, se han van por un tiempo, nada de  cardio de alto impacto a partir de ahora.” Limitación del número uno, ¡justo donde más me dolía! Pero, esto es lo que quería y sabía que tendría que hacer sacrificios. .

“Entonces, ¿quieres ver a tu bebé o no?”,

Fue lo único que oí que cambió mi estado de ánimo después de aquella noticia.

Ese primer ultrasonido es uno de los momentos más especiales que he tenido en mi vida. Había una pequeña semilla de limón con un corazón latiendo en su interior. En ese momento me di cuenta de que los milagros existen. Mi marido y yo habíamos creado  vida. Entre lágrimas me quedé mirando la pantalla y sentí más amor de lo que nunca había sentido antes.

Oré por un buen embarazo, fui a casa y desde ese entonces leí cada gramo de información que pude tener a mi alcance.

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