Namaste #Sugar&SpiceWhatAboutNice 11

Yoga is something I started right when I needed it.  I was 22.  My sister from my Colombian mother, Elizabeth, was studying to be a teacher at the time.  She happened to pop by my house a day I wasn’t there and was invited in to eat by my parents.  My dad had always admired her easy and calm demeanor and asked her what she did to stay so centered.  “Yoga,” she answered.  He insisted to her that she must take me to whatever magic this was because I was, to say the least, going through my wild-child period.  So after both sides insisted, I went.

 

People were smiling and welcoming and interested in everything and nothing at all.  They gave me a mat and we quietly shuffled into the classroom barefoot.  I went into this large, funky room that smelled of incense and lingering sweat.    While everyone around me exuded peace, I was silently panicking!  The class started and I actually did really well.  Some poses were unfathomable but it was interesting to watch these people get into them.  I was proud of my flexibility, said goodbye, and went home.  The next day I woke up unable to move!  I felt muscles I didn’t know even existed!  So, I was hooked and thus began my love for ashtanga yoga.  I love the discipline of the practice, the intensity of the flow, and the connection it allows you to let go and trust your center.

I always knew that when I was to become pregnant that I would do prenatal yoga and started going around my fourth month.  I went in ready to feel a rush after three months of low impact exercise only to find myself reminded that the adrenaline was to be put away for later.  There was talking, griping, and an easiness about the class that just didn’t gel with me.  I became impatient and annoyed due to the fact that I wasn’t being challenged, but I kept going.  With time, the classes became much more difficult.  Of course, my belly that was getting gigantic was definitely a factor in this.  Let me tell you, standing on your hands at 37-weeks pregnant is quite a feat!

My teacher was wonderful.  She lived each of our pregnancies with a tenderness that not even us moms had.  She took the time to know what we were going through and would individualize our sessions based on how our bodies were feeling.  After a while, it was like therapy.  I would leave soothed and relaxed with a sense of wholeness about the process that my pregnancy entailed.  If I was calm and happy, my baby was as well.  There were so many things she said that were wonderful and I’m about to divulge the best one to you.

Pregnancy is a 40-week process, give or take.  This whole time you are in expansion.  You, along with your baby, are growing.  When it comes time to go through labor, think of this.  It is just a few hours of compressing (contractions) that releases all the energy necessary to finalize the process.  When I started to go into labor, this teaching helped me take the pain and interpret it as almost something joyous.  It is all a matter of relating to what you’re going through to understand it as something that is natural and necessary.  This is by far, the best thing I learned throughout my pregnancy.  I am beyond grateful to my teacher for making labor amazing.  Think of the hours of contractions as the last step to meeting your baby.  After all you went through, it’s the end so enjoy it!  Isn’t it a beautiful interpretation?  Once they’ve arrived you’ll see it was all worth it!

Yoga es algo que empecé justo cuando lo necesitaba. Tenía 22 años. En ese entonces mi hermana por parte de mi mama colombiana, Elizabeth, estaba estudiando para ser maestra. Sucedió un día que había sido invitada a comer a casa de mis papás. Mi papá siempre había admirado su semblante sereno y le preguntó que como le hacía para estar siempre tan centrada. Ella respondió, “Yoga”. El le insistió que me llevará a cualquiera que fuera esa cosa mágica porque yo estaba, por así decirlo, en mi periodo de niña-rebelde. Así que después de que los dos lados insistieron, fui.

La gente estaba sonriendo, receptiva, interesada en todo y nada a la vez. Me dieron un mat y en silencio nos metimos descalzas al salón. Ahí estaba, en ese largo y extraño cuarto que olía a incienso y sudor. Mientras todo mundo a mi alrededor destilaba paz, yo estaba teniendo un ataque de pánico en silencio! La clase empezó y la verdad lo hice bastante bien. Algunas poses eran imposibles pero resultó interesante ver a toda esa gente haciéndolas. Estaba orgullosa de mi flexibilidad, me despedí y fui a casa. Al día siguiente me desperté sin poder moverme! Sentía músculos que no sabía que existían! Quedé enganchada y así es como mi amor por la ashtanga yoga empezó. Amo la disciplina de la practica, la intensidad de como todo fluye, y la conexión que te da para dejar todo ir y permanecer en tu centro.

Siempre supe que cuando me embarazara iba  a hacer yoga “prenatal” y empezaría a ir alrededor de mi cuarto mes. Fui ahí lista para sentir el rush después de 3 meses de ejercicio de bajo impacto, sólo para encontrarme con que la adrenalina sería algo que todavía estaría lejos de mí. Había voces, empujones, y una facilidad en la clase que no iban conmigo. Me impacienté y aburrí porque no estaba encontrando ningún reto, aun así seguí yendo. Con el tiempo las clases se fueron dificultando. Por supuesto mi vientre que estaba poniéndose gigantesco fue un factor determinante para esto. Déjame decirte que pararte de manos con 37 semanas de embarazo es todo un desafío.

Mi maestra era maravillosa. Vivía cada uno de nuestros embarazos con una ternura que ya ni siquiera nuestras mamas. Se tomaba el tiempo para saber lo que estábamos pasando e individualizaba nuestras sesiones de acuerdo a como se iban sintiendo nuestros cuerpos. Después de un tiempo, ya era como terapia. Salía sedada, relajada y con una sensación de plenitud acerca de todo lo que mi embarazo conllevaba. Si estaba calmada y feliz, mi bebé también lo estaría. Hubo muchas cosas maravillosas que ella dijo, y estoy a punto de compartirte la mejor.

El embarazo es un proceso de 40 semanas. Todo este tiempo estas en expansión. Tu, junto con tu bebé están creciendo. Y cuando el momento del parto llegue piensa en esto. Sólo son unas cuantas horas de compresión (contracciones) que liberan toda la energía necesaria para el fin del proceso. Cuando empecé con la labor de parto, este aprendizaje me ayudo a tomar el dolor y reinterpretarlo incluso como algo lindo. Todo es cuestión de relacionar que todo eso por lo que estas pasando es natural y necesario. Esto es, por mucho, lo mejor que aprendí durante mi embarazo. Estoy más que agradecida con mi maestra por hacer mi parto maravilloso. Piensa en las horas de contracciones como el último paso para conocer a tu bebé. Después de todo lo que pasaste, este es el final, así que, ¡disfrútalo! ¿No es esta una Hermosa interpretación? Una vez que tu bebé llegue, verás que todo valió la pena.

 

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