Tuning Tightrope Tension #Sugar&SpiceWhatAboutNice? 21

     Ever since I became a mother I live reluctantly.  For once in my life I actually fear death.  During the first few months of my daughters life I didn’t want to take her out alone.  I honestly was scared some evil entity would come and snatch her right out of my arms.  It took me three months to finally go out with her.  I went to my friends, Ken and his lovely wife Erika’s, house thinking we were going to have lunch there.  When I arrived, they said they were treating us at a restaurant to honor his fathers last day in town.  Pre-baby I would have felt flattered with the gesture, but not that day.  I stood in their living room paralyzed, my feet turned into cement blocks and my mind started panicking while trying to come up with an excuse to cancel on something I was standing in the middle of.  It had taken me all of my courage to walk the four blocks to their house with my precious bundle, and then they wanted me to go somewhere else, somewhere public in one of the biggest cities in the world and risk my baby’s security.  Uuuuuumm…

     There wasn’t any reasonable thought that came into my mind to excuse myself at that moment so I put my ego aside and told them, with a hint of embarrassment, the truth.  “I’m petrified of going out with her because I don’t want something bad to happen.” Thank God I was standing in front of genuine friends who received my honesty kindly.  As my cheeks burned as though I had had an accident at school at age 6, they gave me the perfect solution.  Erika brought out a wrap carrier (rebozo) and gently showed me how to cuddle my baby into the most comforting fusion of the two of us that brought me back to my being pregnant and her being safe within my body.  Off we went to have a lovely lunch and for the next few months that purple ethnic wrap was on lone and used like a second skin.

     This incident has a lot of meaning behind it.  The paranoia I felt was blocking me from living a normal day-to-day life.  Not only that but I was keeping my child from experiencing her own.  Luckily, I caught this at 3 months when she was incapable of being affected, but it could have lasted a lifetime.  It turns out cutting the emotional umbilical cord is not that simple. I can justify my fear with the fact that I live in a place where, unfortunately, kidnappings and violence are social issues that affect us.  However, becoming a mother changed me.  I used to be so bold and brave, walked with a confidence that some considered flighty, and relished in the fact that I wasn’t going to be intimidated by the news or statistics.  I had become unaligned and desperately needed an adjustment in order to return to normalcy.

     The realization of life’s fragility was terrifying.  There is the appreciation of the priceless blessing that is seeing your own creation and the gift of being able to nurture them with all of the love and care behind their conception.  However, the emotional taxation that comes with the fact that life is borrowed is the price we pay in order to experience one another.  It wouldn’t be fair to my daughter for me to be overbearing and protect her from all of life’s struggles.   I’ll try, but I know she’s too smart and independent to let me get carried away.  It is constant work to balance her physical and my emotional freedom.  I know that behind my fear is knowing that this can all be taken away in a second.  But, the peace that has come with accepting this allows me to live in the present and thrive in the joys of my family’s evolution.

Desde que me convertí en madre, vivo a regañadientes. Por primera vez en mi vida le temo a la muerte. Durante los primeros meses de vida de mi bebé, no quería sacarla a la calle sola. Honestamente me aterraba la idea de que algún ente malvado me la arrebatara de los brazos y se la llevara. Me tomó tres meses hacerlo. Fui a visitar a mis amigos, Ken y Erika para comer con ellos. Cuando llegué, me dijeron que íbamos a comer en un restaurante para despedir a su papá. Antes de mi bebé me hubiera parecido halagadora la invitación, pero no ese día. Me quede paralizada en la sala, mis pies se convirtieron en dos pedazos de cemento y mi mente comenzó a entrar en pánico tratando de encontrar una excusa para cancelar algo en lo que ya estaba metida. Me había tomado mucho valor caminar las cuatro cuadras que nos separaban con mi hermoso bultito, y ahora, ellos querían que fuera a otro lado, en publico, en una de las ciudades mas grandes del mundo y poner en riesgo la seguridad de mi bebé. Uuuuuumm…

No había nigúna excusa razonable que llegara a mi mente en ese momento para disculparmeasí que puse mi ego de lado y les dije, con un poco de pena, la verdad. “Estoy aterrada de salir con mi bebé porque no quiero que le pase nada”. Gracias a Dios estaba parade frente a verdaderos amigos que recibieron mi honetidad de lo mas amables. Mientras me ponía roja como si hubiera tenido un accidente a los seis años en el kinder, ellos me dieron la solución perfecta. Erika trajo un rebozo y amablemente me enseño como acurrucar a mi bebé en la más hermosa fusion de nosotras dos que me transport a cuando estaba embarazada y ella segura dentro de mi cuerpo. Salimos y disfrutamos de una agradable comida y por los siguientes meses esa envoltura etnica color morado fue como una segunda piel.

Este incidente tenía mucho detrás. La paranoia que sentí me bloqueó para vivir un día a día normal. Y no solo eso, estaba apartando a mi bebé de sus propias experiencias. Por suerte, me di cuenta de esto a los tres meses cuando era incapaz de sentirse afectada, porque pudo haber durado toda la vida. Cuesta mucho trabajo cortar el cordón umbilical emocional, no es tan simple. Podía justificar mi miedo por el hecho de vivir en un lugar en el que, desafortunadamente, los secuestros y la violencia son temas que nos afectan. Sin embargo, convertirme en mama me cambió. Solía no ser insegura ni temerosa, por el contrario caminaba con una seguridad que algunos podían considerar altiva, y me escudaba en el hecho de que no me dejaría amedrentar ni por las noticias ni por la estadísticas. Estaba en desequilibrio y necesitaba desesperadamente ponerme en orden para regresar a la normalidad.

Descubrir la fragilidad de la vida fue terrorífico. Es indescriptible la enorme bendición de ver tu propia creación nacer, y el regalo de ser capaz de amamantarla con todo el amor y el cuidado después de dar a luz. Sin embargo hay un shock emocional que viene con el hecho de realizar que la vida es prestada y que es el precio que hay que pagar por experimentar el uno del otro. No sería justo para mi hija ser sobreprotectora y cuidarla de todos los contratiempos de la vida. Lo intentaré, pero se que ella será lo suficientemente independiente e inteligente para no dejarse llevar. Es un trabajo constante balancear su libertad física con mi libertad emocional. Se que detrás de mi miedo esta el hecho  saber que todo puede irse en un segundo. Pero la paz de aceptar esto  es lo que me permite vivir en el presente y prosperar en los placeres de la evolución de mi familia.

marion@moustique.com.mx'

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