Where Is Renato?

El Día 1 de mi aventura por fin había llegado a su fin, sin darme cuenta por la diferencia de horarios llevaba despierto 25 horas y no podía dormir, por mi mente pasaban todo tipo de ideas mezcladas por los recientes eventos, mis emociones estaban al tope. Cuando llegué a mi asiento en el avión y me puse el cinturón me sentí como un niño subiéndose a una montaña rusa, sonriendo, dando saltos en mi lugar, después me acordaba que algún sujeto en Los Ángeles tenía mi cartera y mis identificaciones, y no había nada que podía hacer al respecto, por suerte tenía mi pasaporte con dos opciones; Toma el avión o quédate a reportar el robo, perdiendo más dinero del que tienes por una cartera que nunca volverás a ver, la decisión fue dolorosa pero necesaria, la espera había terminado, es hora de conocer Oceanía.

El plan original era visitar a mis familiares en Australia, para unos meses después dar el salto a Nueva Zelanda, así que en mi ambición compré un boleto con escala en Auckland, en la isla Norte. Auckland es también la ciudad más grande del país con poco más de 400,000 habitantes, tiempo después en conversaciones con neozelandeses me resultaba gracioso, casi enternecedor como se quejaban del tráfico y sobrepoblación en la ciudad, mientras que esos mismo números los veía todos los días en tan sólo un paseo en tren en la Ciudad de México. A medida que las horas pasaban en el avión, el sueño no llegaba y la ansiedad de aterrizar aumentaba, recuerdo las primeras luces en el horizonte, tenían un tinte morado y rosa, volando muy por encima de las nubes veías estrellas, un mar de ellas, o cuantas pudieras ver por el reflejo de tu cara embarrada en el cristal del avión. Así fue como después de dejar una marca de aliento en la ventana, las luces cambiaron de manera muy rápida, el morado cambió por gris y el rosa por blanco, la señal de cinturones se encendió, acentos kiwis te hablaban “Kia Ora and welcome to New Zealand” (Hola, y bienvenidos a Nueva Zelanda), tuve un salto en el estómago cuando la nave comenzó su descenso, poco me faltó para levantar los brazos, ya que como les dije, me sentía como niño en montaña rusa.

 

En cuanto rompimos las nubes y vi la primera señal de tierra, creí haber visto Cabo Reinga, el punto más al Norte de Nueva Zelanda, aunque no podía saber -¡Sí, por fin, he llegado!- no pude evitar sacar mi cámara e intentar el cliché de fotografiar el ala del avión, no resultó, así que me senté y disfruté los últimos momentos en el avión. Todos los documentales que vi de Nueva Zelanda mostraban a los viajeros ser recibidos por el tradicional Haka o “danza de guerra”, que las tribus maoríes bailan al recibir amigos, celebrar eventos especiales o su favorito, antes de una batalla. Tristemente para mí no hubo Haka ni Hongi o “beso maorí”, logré escuchar cantos tradicionales pero no pude ver quien cantaba, en cambio tuve menos de una hora para abordar otro avión hacia Sídney, el Haka tendría que esperar otro poco.

 

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El viaje de Auckland a Sídney duró poco más de 4 horas, y de nuevo me di cuenta que no había dormido en más de 40 horas, así que requería de ayuda, que vino en forma de una azafata entregándome una cerveza, o tres, lo cual me ayudó a dormir por fin. Antes de saberlo estaba recogiendo mis maletas y bicicleta, las subí en dos carritos, hice piruetas esquivando gente e intentando correr a la salida fui detenido por un agente de aduanas a media carrera por los 5 kilómetros con obstáculos en aeropuerto, la conversación fue algo así;

 

Oficial: –G’day mate, how’s it going?-

Yo: Bien grac… I mean, well thanks, yourself?-

-What’s this all about you racing around, wanna get yourself a speeding ticket?-

Can you actually get one here? (lo sé, que inocente)

*Tratando de aguantar la risa* -Yeah, of course-

Oh no, I’m so sorry officer, it won’t happen again

-Mmmh, dunno, you can injure someone, where you from mate?-

México, sir

-Oh! Mexicouuu, muy bien amigo, amo Mexico, cerveza, go on now and welcome to ‘Straya-

Ha, gracias… Adiós

 

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Si viajan a Australia asegúrense de conocer locales, son muy amables, viajeros, aventureros, amantes de la bebida y el deporte, muy cómicos y fáciles para la risa, como lo pude comprobar con éste agente de aduanas. Por fin, al salir de las puertas, fui recibido por mi prima, su esposo, su hija Mia de 4 años y otro bebé en camino, me llevaron a todas partes en Sídney, de nuevo empezó el frenesí de fotos, la casa de ópera, el puente de la ciudad ¡Que ciudad! Su arquitectura es impresionante, sus calles elegantes y su gente muy bella, es una ciudad llena de tendencias, ésta siendo la ciudad más importante del país es líder en moda, tecnología y buena vida. Llena de lujos y buenas playas, Sídney es un paraíso para pasear en bicicleta, disfrutar el sol, muy buena comida y bebida, todos los platillos que cocinan los toman muy en serio, tienen una cocina multicultural, así como población, en una cuadra pueden encontrar comida vietnamita tradicional y comida molecular.

 

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Un lado desconocido de Australia es su música, tal vez los más conocidos son AC/DC, Tame Impala, Wolfmother, Bee Gees y Savage Garden, debo recomendar la música australiana con sus influencias independientes, siendo un país aislado en muchas maneras, han desarrollado su propio estilo, desde las influencias tradicionales mezclando ritmos aborígenes con rock como Xavier Rudd, otros como Matt Corby exploran el Blues y el Folk, y un clásico australiano es Silverchair. Estos y muchos más los recomiendo altamente, su música es muy independiente, sin importar el género no siguen las tendencias de otros países o mercados.

Sin importar la recompensa que trae viajar, el cuerpo se agota, la altitud reseca la piel, los ciclos de sueño se destrozan, además que te debes olvidar de la idea de dormir acostado o sólo, a veces puedes viajar con personas que serán buenas amistades, o con una señora que insistirá en roncarte al oído de manera romántica, todo es cuestión de adaptarte a la situación, tener en tu equipaje un libro, música, audífonos (por favor nunca en altavoz, créanme que ha pasado), cepillo de dientes, un cambio de ropa y sobre todo una almohada, puede ser su chamarra o cualquier cosa que les permita acomodarse. En mi caso lo mejor es viajar en pasillo si se trata de un viaje largo (6 horas o más), así se pueden levantar a explorar las enormidades de un avión las veces necesarias, la ventana no es lo más atractivo, me siento atrapado, sin espacio para las piernas siendo alto, y si necesitas ir al baño, bueno, pedirle al abuelito junto a ti que te dé permiso para pasar cada tres horas se vuelve penoso.

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