Blue Jasmine

La carrera de Woody Allen es una de esas que cualquiera quisiera tener, puntual como cada año llega su nueva película.

El cine de Allen puede ser amado, odiado y hasta incomprendido, habrá quienes digan que ya perdió su toque, pero ya cualquiera quisiera hacer la peor película de este director. Hay una burla constante hacia el ser humano, el ser humano patético, envuelto en su propia tragedia, circunstancial o meramente provocada.

Su nueva cinta “Blue Jasmine” nos adentra a la tragedia de su anti heroína, en su más puro y azul estado. Hay un toque en su historia que podría ser a propósito o es mera coincidencia con “Un Tranvía Llamado Deseo” de Tennessee Williams, el regreso de la hermana prodigo, casi obligado a un mundo al cual no quiere pertenecer, su realidad.

La historia se centra en “Jasmine” (Cate Blanchett) una mujer ex millonaria, ex casada y ex loca, que acaba de salir de una crisis nerviosa, ahora en banca rota y buscando reiniciar su vida, deja Nueva York para irse a vivir a San Francisco con su hermana “Ginger” (Sally Hawkins) una mujer divorciada, madre dos, en busca del amor, cualquier amor, de clase media, todo lo contrario a lo que Jasmine es, el reflejo de su hermana es solo un recordatorio de aquello que dejo atrás y busca recuperar a toda costa.

El director y escritor no se tienta el corazón al mostrarnos el peor lado de su protagonista, es malo, inhumano, triste y de algún modo gracioso. La actuación de Cate Blanchett es por demás soberbia, la manera en la que transmite un grito desesperado sin realmente hacerlo, sin perder el porte y elegancia con el que el personaje se aferra a lo último que le queda, su apariencia.

Estos dos mundos que chocan en estas dos hermanas, aparentemente diferentes, pero con tanto en común y aun así, ninguna quiere terminar como la otra. Para ambas es mejor “mirar para otro lado” a enfrentar su realidad, la realidad no es linda, la realidad te mira feo, a la realidad no le gusta escuchar lo que tienes que decir, la realidad te hace querer hablar solo. Querer escuchar una canción que te recuerda cuando todo era bueno y ahora solo se escucha un eco, que no parece decir nada.

No todos son finales felices en el mundo de Allen, aún en su filmografía más hilarante, el reflejo siempre está roto.

Sin duda la actuación de Blanchett es una de las que hay que tener en la mira en la temporada de premios, ya uno puede comenzar a hacer su quinela.

Una buena opción ahora en cines. Nos leemos a la próxima.

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