Cuando la función debe continuar ocurre la comedia

Hay todo un mundo detrás del teatro, un mundo que el espectador no logra ver y es a veces donde la verdadera magia ocurre.

Hace un año exactamente llegó a los cines la cinta “Tercera Llamada” del Director Francisco Franco que retrataba los dimes y diretes de una compañía de teatro a punto de estrenar una obra.

El retrato de lo que ocurre previo al estreno de una puesta en escena vino a mi mente al sentarme a ver la obra de teatro “Locos Por El Té” de Danielle Navarro Haudecoueur y Patrick Haudecoeur que se presenta en el Teatro Fernando Soler bajo la dirección de Vanessa Vizcarra y cuya adaptación en español corre a cargo de Julián Quintanilla.

Hay una simpleza en la dificultad en hacer reír, todo se trata del timming, una frase, una mirada, un movimiento, un silencio, entrar en el momento correcto, el ensamble logrado en “Locos Por El Té” logra eso y más.

Teniendo a la cabeza a la Primera Actriz Susana Alexander quien da vida a una actriz desempleada y diva en los escenarios que tiene que lidiar con un actor joven e inexperto impuesto por el productor (que es su padre) interpretado por Gustavo Egelhaaf durante los ensayos previos al estreno de la puesta en escena “Locos por el Té”.

La obra francesa estrenada en 1990 y que fuera un éxito rotundo con más de 700 representaciones llega a México con un simple objetivo: Hacer reír. La historia no divaga mucho, entra inmediatamente en situación, los personajes son claros y puntuales, podemos ver los roles de cada quien y llega un punto en que sí, la historia puede ser lo de menos y simplemente uno se deja ir y disfruta.

La clave está en que las situaciones que se muestran en escena por absurdas que puedan resultar son hilarantes y a la vez ser coherentes con sus personajes. Susana Alexander da una cátedra para hacer comedia sin pretender ser graciosa, la histeria, su peso en el escenario, su entrada que puede causar miedo y gracia a la vez logra un encanto con un personaje hecho a su medida.

A su vez resulta una grata sorpresa el trabajo del actor Gustavo Egelhaaf quien da el contra peso en la historia y es quien carga con casi toda la comedia física de la obra. Hay que reconocer que Egelhaaf logra que el público le tenga cariño a su personaje, se deja querer y juega con esa parte, dentro de lo absurdo e inocente que es su personaje, al final es quien se lleva los aplausos por su naturalidad en la comedia.

De igual manera el trabajo de los actores Claudia Nin como una directora de teatro más inglesa que el té mismo y Ricardo Maza como un actor que cree que no hay papel pequeño y busca destacar con su personaje del mayordomo. Logran un ensamble bastante interesante ya que los tonos en general están en un nivel donde la historia y en el juego constante de entrar, bajar o subir en el escenario.

Completan el elenco Cecilia Romo como la vestuarista, Julio César Luna como un actor que habla más de lo que actúa y Ulises de la Torre como un chalán que hace de todo en el escenario.

La obra resulta en un acto, pero que claramente hace un “intermedio” para entrar a su segundo donde el público puede ver la magia de crear una puesta en escena. El primer acto sirve para hacer que toda la comedia física que ocurrirá en el segundo acto sea efectiva, al público se le ha otorgado la información necesaria, así que el segundo acto el público estará siendo testigo de la puesta en escena que han estado ensayando.

Es cuando llega ese momento, que literal el público no parará de reír, donde todo lo malo que puede ocurrir en un estreno pasará y el objetivo ha sido logrado. “Locos por el Té” es una comedia simplemente inteligente, sencilla y que entretiene. La historia pasa a segundo término, sólo hay que reír.

Les aseguro que pasarán un buen rato. Se presenta de jueves a domingo dentro del Centro Cultural Manolo Fabregas en el Teatro Fernando Soler.

Vayan y diviértanse, al final mi opinión, es mi opinión.

Nos leemos a la próxima.

Sobre Reynolds Robledo